Colombia pierde su margen de seguridad eléctrica ante El Niño

Colombia enfrenta el fenómeno de El Niño con menos respaldo eléctrico que en años anteriores. La oferta de energía firme ya no alcanza para cubrir con holgura la demanda en momentos críticos.
Colombia enfrenta la llegada del fenómeno de El Niño con una preocupación que va más allá de la falta de lluvias. El sistema eléctrico perdió el margen de seguridad que durante décadas le permitió enfrentar períodos secos sin grandes sobresaltos.
La Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen) advierte que el país ya presenta un déficit de energía en firme. Las cifras de XM ubican esa brecha alrededor del 2% para 2026 y proyectan que podría ampliarse a cerca de 4,4% en 2027.
La expresión «energía en firme» es clave. Se refiere a la capacidad de generación que puede garantizarse incluso cuando las condiciones son adversas. En otras palabras, no basta con que Colombia tenga centrales eléctricas instaladas: necesita contar con suficiente capacidad disponible cuando la demanda aumenta o cuando una parte de las plantas no puede operar normalmente.
Durante años, el sistema colombiano funcionó con un colchón de seguridad de entre 5% y 10% entre la oferta y la demanda. Ese margen se ha reducido hasta entrar en terreno negativo. Para Acolgen, significa que el sistema tiene ahora mucho menos espacio para absorber una sequía fuerte, una falla de generación o un problema en las redes.
«Estamos en déficit de energía en firme», ha advertido Natalia Gutiérrez, presidenta de Acolgen. La dirigente no afirma que Colombia vaya necesariamente a sufrir un apagón, pero sí sostiene que el país perdió capacidad de respuesta ante un escenario climático extremo.
El Niño pone presión sobre las hidroeléctricas colombianas
El problema adquiere mayor importancia porque Colombia depende fuertemente de la generación hidroeléctrica. Alrededor del 65% de la electricidad procede de centrales que utilizan agua, según los datos presentados por el sector.
Cuando llega El Niño, las menores lluvias pueden reducir los aportes a los embalses. Las centrales hidroeléctricas deben entonces utilizar sus reservas con mayor cuidado y las plantas térmicas pasan a tener un papel más importante.
Los niveles de los embalses ya son vigilados de cerca. A comienzos de julio, el nivel agregado se encontraba en 78,23%, mientras 15 de los 24 embalses estaban por debajo del objetivo de 80% fijado como referencia para afrontar el período seco.
Esto no significa que Colombia esté sin agua para producir electricidad. El problema es que el margen disponible puede reducirse rápidamente si El Niño se intensifica y las lluvias disminuyen durante varios meses.
Y las previsiones climáticas se han vuelto más preocupantes. El Ideam reportó en septiembre que existe más de 90% de probabilidad de que El Niño continúe durante el último trimestre de 2026 y el inicio de 2027, y elevó a 75% la probabilidad de que el fenómeno se convierta en el más intenso de los últimos 76 años.
Las nuevas centrales eléctricas no llegan a tiempo en Colombia
La falta de agua no explica por sí sola la alerta. Colombia necesita incorporar nueva generación para acompañar el crecimiento de la demanda, pero varios proyectos han sufrido retrasos. Uno de los casos más conocidos es el de La Guajira, donde proyectos eólicos y solares han enfrentado dificultades con comunidades, licencias, infraestructura de transmisión y otros trámites.
Acolgen calcula que entre 4.000 y 4.500 megavatios de energía firme que debían entrar al sistema durante los últimos años todavía no se han incorporado.
El problema es especialmente sensible porque la demanda continúa creciendo. La UPME proyecta un aumento de alrededor de 2,7% en el consumo eléctrico en el corto plazo bajo su escenario medio.
Así, el país enfrenta una doble presión: necesita más electricidad mientras parte de la nueva oferta se demora en llegar.
Las térmicas son el salvavidas para Colombia, pero necesitan gas
Ante una eventual caída de la generación hidroeléctrica, las centrales térmicas deberán producir más.
Estas plantas pueden funcionar con gas, carbón o combustibles líquidos y son fundamentales para compensar la menor generación de las hidroeléctricas durante un período seco.
De hecho, el sector ha planteado la conveniencia de activar anticipadamente las térmicas para preservar el agua almacenada en los embalses. Pero esa estrategia tiene otra condición: garantizar el suministro de gas natural.
Además, generar más con combustibles fósiles puede elevar los costos de producción y terminar presionando las tarifas eléctricas.
Por eso el desafío colombiano no consiste únicamente en evitar un apagón. También está en mantener un suministro confiable sin trasladar un aumento excesivo de costos a hogares, comercios e industrias. (JS)
Fuente: La Hora





