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¿Por qué sigue siendo tan difícil conseguir trabajo si la economía de Ecuador está creciendo?

Dos estudios revelan por qué una economía en recuperación ya no se traduce automáticamente en más oportunidades laborales y quiénes son los ecuatorianos que hoy tienen menos posibilidades de beneficiarse del crecimiento.

Durante décadas, la receta parecía sencilla: si la economía crecía, tarde o temprano llegarían más empleos. Era una de las relaciones más aceptadas de la economía moderna.

Hoy esa idea empieza a quedarse corta en países como Ecuador, donde, a pesar del crecimiento económico de 2025 y de inicios de 2026, la informalidad sigue siendo de más del 60% de la Población Económicamente Activa (PEA) y solo 3 de cada 10 ecuatorianos tiene un empleo adecuado (gana al menos el salario básico y 8 horas diarias de trabajo).

Dos investigaciones recientes, una internacional que analizó 163 países durante tres décadas (1992-2023) y otra centrada exclusivamente en Ecuador, llegan a una misma conclusión: el crecimiento económico sigue siendo importante, pero ya no basta para crear empleo, sobre todo en países con elevados niveles de informalidad.

En el caso ecuatoriano, el crecimiento del PIB no beneficia por igual a todos los trabajadores. Hay grupos para los que la economía sí genera nuevas oportunidades, mientras que para otros el efecto prácticamente desaparece.

La principal razón es estructural: un mercado laboral donde la informalidad absorbe buena parte de los cambios económicos antes de que estos se reflejen en nuevos empleos formales.
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¿Por qué crecer ya no significa más empleo? Un estudio explica el caso de Ecuador

El estudio internacional, publicado en la revista científica Economies y liderado por el economista ecuatoriano Ángel Maridueña-Larrea junto con investigadores de Ecuador y Europa, confirma que la denominada Ley de Okun, según la cual cuando la economía crece el desempleo disminuye, sigue existiendo.

Sin embargo, esa relación se debilita considerablemente en economías con alta informalidad.

Los autores concluyen que, en países de ingresos bajos y medios, una elevada informalidad laboral reduce significativamente la capacidad del crecimiento para disminuir el desempleo, porque buena parte del ajuste ocurre mediante trabajos precarios, subempleo o autoempleo, y no mediante nuevas contrataciones formales.

“Ecuador aparece precisamente dentro de ese grupo de economías donde el crecimiento pierde fuerza para generar puestos de trabajo formales. En muchos casos, cuando crece la economía, los informales ganan un poco más o mejoran su situación dentro de la misma informalidad”, acotó Pedro López, economista.

Los jóvenes son los principales beneficiados cuando mejora la economía en Ecuador

Con datos mensuales entre 2021 y 2025, la investigación de Maridueña-Larrea muestra que la relación entre crecimiento económico y empleo en Ecuador ya no funciona igual para todos. La economía puede avanzar, pero el efecto sobre la reducción del desempleo es mucho más limitado de lo que ocurre en otros países.

En promedio, cuando la actividad económica supera su nivel esperado, el desempleo nacional apenas baja 0,05 puntos porcentuales. Es una respuesta pequeña frente a la que se observa en muchas economías desarrolladas, donde el impacto puede ser entre diez y veinte veces mayor.

Pero ese promedio cuenta solo una parte de la historia. Al mirar con más detalle, los investigadores encontraron que el crecimiento no abre las mismas oportunidades para todos los trabajadores: algunos grupos sienten más sus efectos, mientras que otros casi no perciben cambios.

Los jóvenes son el grupo que más se beneficia cuando la economía mejora. Entre las personas de 15 a 24 años, el impacto del crecimiento sobre el empleo es tres veces mayor que el promedio nacional. En cambio, para los mayores de 35 años, esa relación prácticamente desaparece.

La explicación está en la forma en que los jóvenes se incorporan al mercado laboral. Al tener, en muchos casos, contratos más temporales, menor experiencia y una trayectoria laboral más inestable, suelen ser los primeros en encontrar oportunidades cuando las empresas contratan más. Pero esa misma condición también los vuelve más vulnerables: cuando llega una crisis, suelen ser los primeros en perder el empleo.

En el campo ecuatoriano, el crecimiento económico no siempre se convierte en más empleo

Uno de los hallazgos más llamativos aparece al comparar el mercado laboral urbano y rural.
En las ciudades, el crecimiento económico sí reduce el desempleo de forma significativa.

En las zonas rurales, en cambio, esa relación prácticamente desaparece.

La explicación está en la informalidad. El estudio recuerda que más del 80% del empleo rural es informal, por lo que, cuando la economía cambia, muchas personas no pasan del empleo al desempleo o viceversa. Simplemente modifican la forma en que trabajan: pasan al autoempleo, trabajan menos horas o realizan actividades de subsistencia.

Por eso, el crecimiento puede reflejarse en el PIB sin traducirse en nuevas plazas de trabajo formales.

Las mujeres sienten más el impacto del crecimiento económico en el empleo en Ecuador

Otro hallazgo rompe con lo observado en la mayoría de los países desarrollados.

En Ecuador, el desempleo femenino responde al crecimiento económico el doble que el promedio nacional, mientras que en los hombres el efecto prácticamente no resulta estadísticamente significativo.

Los autores plantean que muchos hombres que pierden un empleo formal encuentran rápidamente alternativas en actividades informales como construcción, agricultura o comercio ambulante, por lo que dejan de aparecer como desempleados.

Las mujeres, en cambio, enfrentan mayores restricciones para incorporarse a esas actividades debido a responsabilidades de cuidado y a una mayor segmentación ocupacional, por lo que el desempleo refleja con mayor claridad los cambios del ciclo económico.

Ecuador necesita más crecimiento para lograr el mismo efecto en el empleo que otros países

Los dos estudios llegan al mismo diagnóstico desde metodologías distintas. El análisis internacional sostiene que las economías con alta informalidad necesitan crecer mucho más para conseguir la misma reducción del desempleo que logran los países con mercados laborales más formales.

La investigación ecuatoriana confirma exactamente ese fenómeno: el crecimiento sí existe, pero gran parte del ajuste ocurre fuera de las estadísticas tradicionales del empleo, mediante subempleo, trabajo informal o cambios en las horas trabajadas, y no mediante nuevas contrataciones.

Así, de acuerdo con López, “Ecuador necesita crecer como mínimo 5% cada año consistentemente durante un largo periodo de tiempo para reducir realmente la informalidad e incrementar el empleo adecuado”.

Las crisis destruyen empleo mucho más rápido de lo que las recuperaciones lo reconstruyen

El estudio internacional añade otro elemento que ayuda a entender por qué muchas familias sienten que la economía tarda en mejorar, incluso cuando el PIB vuelve a crecer.

Los investigadores encontraron que las recesiones destruyen empleo con mucha mayor intensidad de la que las expansiones logran recuperarlo.

Es decir, perder un trabajo suele ocurrir rápidamente durante una crisis, pero recuperarlo puede tomar varios años, incluso cuando los indicadores económicos vuelven a mostrar crecimiento.

Formalizar el empleo: la clave para que el crecimiento beneficie a más ecuatorianos

El principal mensaje del estudio es claro: hacer crecer la economía ya no basta para crear más empleo.

En países como Ecuador, el desafío no es solo aumentar el PIB, sino lograr que ese crecimiento llegue al mercado laboral. Mientras la informalidad siga absorbiendo a millones de trabajadores, una parte importante de la expansión económica no se traducirá en más plazas de trabajo formales ni en mejores ingresos.

Además, las crisis dejan una lección contundente: los empleos se destruyen mucho más rápido de lo que se recuperan. Por eso, esperar a que la economía vuelva a crecer no es suficiente.

Los investigadores sostienen que la solución pasa por combinar políticas que impulsen la inversión y el crecimiento con reformas que faciliten la formalización, mejoren la productividad y protejan el empleo en los momentos de desaceleración. Solo así el crecimiento económico dejará de ser una buena cifra en las estadísticas y podrá convertirse en más oportunidades laborales para los ecuatorianos. (JS)

Fuente: La HORA

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