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La crisis del fondo de salud del IESS le cuesta por lo menos $150 adicionales al año a cada afiliado

El fondo de salud del IESS proyecta un déficit de $568 millones en 2026. La brecha se traduce en más gasto de bolsillo para miles de ecuatorianos que deben pagar medicinas, consultas y exámenes, pese a aportar cada mes al seguro social.

Un trabajador ecuatoriano aporta todos los meses al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) con la expectativa de que, cuando enferme, encontrará medicinas, una cita médica o una cirugía sin tener que volver a abrir la billetera.

Pero eso no ocurre con la frecuencia esperada. La crisis financiera del Fondo del Seguro General de Salud Individual y Familiar ya no es solo un problema de balances contables. Se ha convertido en un costo silencioso que pagan millones de afiliados cada vez que compran medicamentos porque la farmacia del IESS está desabastecida, pagan una resonancia para evitar una espera de meses o recurren a un especialista privado porque la cita más cercana está demasiado lejos.

En otras palabras, muchos ecuatorianos pagan dos veces por el mismo servicio de salud: primero mediante sus aportes obligatorios y después con dinero de su propio bolsillo.

El IESS gasta $1,35 por cada dólar que recibe para atender la salud

El presupuesto del IESS para 2026 revela la magnitud del problema. El Fondo del Seguro General de Salud prevé recaudar $1.617 millones, pero deberá gastar al menos $2.185 millones para atender consultas, hospitalizaciones, cirugías, medicamentos, exámenes y tratamientos.

La diferencia es un déficit que, en el mejor de los casos, cerrará este año en $568 millones.

Traducido a un lenguaje cotidiano, por cada dólar que recibe el fondo de salud, necesita gastar alrededor de $1,35. Es decir, los ingresos apenas alcanzan para cubrir tres de cada cuatro dólares que cuesta atender a los afiliados.

“Ese desfase no apareció de un día para otro. Es el resultado de años en los que el gasto médico ha crecido más rápido que los ingresos del sistema, impulsado por el envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas, el encarecimiento de medicamentos e insumos y una base de aportantes que no crece al mismo ritmo”, explicó Andrés Rodríguez Verdesoto, economista.

¿Cuánto le cuesta el déficit del fondo de salud a cada afiliado del IESS?

Aunque el déficit se presenta como una cifra institucional, también puede traducirse a una escala mucho más cercana.

Si se distribuye el déficit de $568 millones entre los 3,8 millones de afiliados que financian el Seguro General de Salud, la brecha equivale a unos $150 por afiliado al año, o alrededor de $12,50 al mes.

Ese cálculo no significa que cada persona reciba una factura por ese valor. Lo que refleja es el monto que el sistema deja de tener disponible para financiar la atención médica de cada asegurado.

En la práctica, ese dinero termina apareciendo de otra manera: cuando un afiliado compra medicamentos, paga una consulta particular, financia un examen diagnóstico o recurre a una clínica privada para no esperar meses por un procedimiento.

Es una especie de «copago invisible» que no está escrito en ninguna ley, pero que miles de familias ya pagan.

Medicinas, exámenes y esperas: el costo oculto de las fallas del IESS

Los $150 representan únicamente la parte del déficit financiero que corresponde, en promedio, a cada afiliado. Sin embargo, el costo que muchas familias terminan asumiendo puede ser considerablemente mayor.

Un ejercicio basado en los gastos más frecuentes que enfrentan los usuarios cuando el IESS no logra responder oportunamente permite dimensionar esa carga económica.

De acuerdo con Rubén López, consultor e investigador sobre sistemas de seguridad social, a los $150 que representa el déficit por afiliado se suman otros gastos que miles de asegurados ya asumen de manera habitual.

“Comprar medicamentos que no están disponibles en las farmacias del IESS puede representar entre $80 y $250 al año, dependiendo de la enfermedad y del tratamiento. Si el paciente decide acudir a un especialista privado para evitar meses de espera, dos consultas pueden costar entre $80 y $120”, apuntó.

La factura continúa creciendo cuando es necesario pagar exámenes diagnósticos, como una resonancia magnética, una tomografía o pruebas especializadas, cuyo costo puede oscilar entre $100 y $350. A eso se añaden gastos menos visibles, como transporte y alimentación por citas reprogramadas o derivaciones, que fácilmente suman entre $30 y $80 al año.

También está el costo del tiempo. Las consultas aplazadas, las cirugías demoradas y las largas esperas significan jornadas laborales perdidas o menores ingresos para quienes trabajan por cuenta propia. Ese impacto económico puede representar entre $50 y $200 adicionales al año, dependiendo de la actividad de cada afiliado.

“En conjunto, un afiliado que durante un año tenga que comprar medicinas, pagar algunas consultas, realizar exámenes fuera del IESS y asumir los costos de las demoras puede terminar enfrentando una pérdida económica de entre $490 y $1.150 al año, es decir, una suma equivalente a entre medio salario básico y un salario básico completo”, recalcó López.

Esa cifra ni siquiera incluye enfermedades complejas que requieren tratamientos especializados, hospitalizaciones prolongadas o cirugías en clínicas privadas, donde los costos pueden ascender a varios miles de dólares. (JS)

¿Cómo funciona el fondo de salud del IESS?

  • Es un sistema de reparto, no de ahorro. El fondo de salud no tiene reservas ni un capital acumulado. El dinero que ingresa por aportes se utiliza casi de inmediato para financiar la atención médica.
  • Se financia con tres fuentes. Recibe recursos de los aportes de trabajadores, empleadores y del Estado.
  • Depende de que el Estado cumpla sus pagos. Una parte importante de los ingresos corresponde a los valores que el Estado debe reconocer por la atención a jubilados, personas con enfermedades catastróficas, personas con discapacidad y amas de casa.
  • El Estado solo paga lo que está auditado. Para que el Ministerio de Economía desembolse recursos, las facturas de los prestadores deben pasar un proceso de auditoría. Si la auditoría se retrasa, también se retrasa el pago.
  • La falta de liquidez genera un efecto en cadena. Al no recibir oportunamente los recursos estatales, el IESS acumula deudas con clínicas, hospitales, Solca, centros de diálisis, proveedores de oxígeno y otros prestadores, además de afectar la compra de medicamentos e insumos.
  • Los fondos del IESS son independientes. El fondo de pensiones no puede utilizarse para cubrir el déficit del fondo de salud, ni ocurre lo contrario.
  • Solo existen apoyos temporales desde el fondo de administración. En casos excepcionales se pueden destinar recursos de ese fondo para cubrir emergencias o pagos urgentes, pero no es una solución permanente.

¿Cómo se podría reformar el fondo de salud del IESS?

  • Establecer un plan de pago de la deuda estatal. La prioridad es que el Estado pague las obligaciones ya auditadas mediante un cronograma, bonos u otros mecanismos que den liquidez al sistema.
  • Garantizar los pagos corrientes. Además de saldar la deuda histórica, el Estado debería cumplir oportunamente los pagos de cada año para evitar que el déficit siga creciendo.
  • Redistribuir los aportes entre los fondos del IESS. Con base en estudios actuariales, se plantea revisar qué porcentaje de las contribuciones se destina a cada seguro para mejorar la sostenibilidad financiera.
  • Evaluar un aumento gradual de los aportes. Si los estudios técnicos lo justifican, los aportes de afiliados y empleadores podrían incrementarse progresivamente.
  • Reducir gastos e incrementar ingresos. La sostenibilidad requiere una combinación de mayor financiamiento y un uso más eficiente de los recursos.
  • Adaptar el sistema a los cambios demográficos. La reforma debe considerar que cada vez hay menos trabajadores activos financiando a un número creciente de jubilados, siguiendo experiencias de otros países.
  • Priorizar el gasto esencial antes que nuevas inversiones. Antes de construir grandes hospitales, se debería asegurar el abastecimiento de medicamentos, insumos médicos, equipamiento y el pago a los prestadores de servicios.
  • Modernizar la gestión del IESS. Invertir en tecnología, digitalización, automatización y mejores sistemas de información permitiría acelerar auditorías, mejorar el control del gasto y hacer más eficiente la administración.
  • Abandonar las soluciones temporales. La propuesta es una reforma estructural de todos los fondos del IESS, en lugar de medidas puntuales que solo alivian el problema por un tiempo.
  • Fuente: LA hora
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