Ecuador importa más combustibles que nunca: salvar la Refinería de Esmeraldas costaría hasta $2.700 millones

La crisis de la Refinería de Esmeraldas reabre una pregunta urgente: ¿todavía se puede salvar el principal complejo refinador del país o Ecuador deberá resignarse a depender de importaciones millonarias?
Cada vez que la Refinería de Esmeraldas se paraliza o trabaja por debajo de su capacidad, Ecuador revive una contradicción difícil de explicar para un país petrolero. Por un lado, vende crudo y luego importa combustibles refinados mucho más caros.
Incendios, daños operativos, mantenimientos emergentes y paradas recurrentes han convertido a la principal refinería del país en el símbolo de un problema estructural que se arrastra desde hace décadas. Ecuador produce petróleo, pero no tiene suficiente capacidad eficiente para transformarlo en combustibles.
La pregunta ya no es solamente técnica. También es económica y fiscal: ¿vale la pena seguir invirtiendo miles de millones de dólares en salvar la Refinería de Esmeraldas o Ecuador necesita un nuevo modelo refinador?
Ecuador: un país petrolero cada vez más dependiente de importaciones
La Refinería de Esmeraldas fue inaugurada en 1977 y tiene una capacidad nominal de 110.000 barriles diarios. Sin embargo, especialistas y análisis energéticos coinciden en que durante años ha operado muy por debajo de ese nivel debido al deterioro de infraestructura, fallas técnicas y mantenimientos insuficientes.
“En períodos recientes, la planta llegó a operar entre el 30% y el 55% de su capacidad real debido a incendios, problemas mecánicos y suspensiones operativas”, explicó Alberto Rojas, ingeniero petrolero.
El resultado es que Ecuador importa hasta el 80% del diésel, gasolinas y GLP que consume. Hace doce años, el porcentaje no pasaba del 50%.
Eso implica una presión enorme sobre las finanzas públicas. El país exporta petróleo crudo; luego compra combustibles refinados a precios más altos; y además subsidia parte de esos derivados.
Es decir, Ecuador pierde valor en ambos extremos de la cadena.
Así, por ejemplo, actualmente se mantiene un subsidio de más de $3 por galón en el diésel para el sector eléctrico y de más de $1,90 en el diésel para el sector automotriz.
La demanda interna de combustibles es poco sensible al precio. Es decir, aunque los precios internacionales suban, el consumo continúa creciendo porque buena parte del costo es absorbido por el Estado.
En consecuencia, la presión sobre las importaciones aumenta cada vez que las refinerías nacionales tienen problemas operativos.
Las refinerías de Ecuador se quedaron atrás: por eso faltan combustibles y sobran residuos petroleros
Aunque la Refinería de Esmeraldas concentra la atención, el problema es más profundo.
Las refinerías ecuatorianas fueron diseñadas hace décadas para otra realidad petrolera y tecnológica. Hoy enfrentan limitaciones para procesar eficientemente el crudo pesado amazónico que produce el país.
“Eso provoca que generen demasiado residuo y fuel oil; produzcan menos diésel de alta calidad; y dependan de importaciones para cubrir el déficit”, apuntó Roberto Arias, ingeniero petrolero.
El cuello de botella más grave es precisamente el diésel, el combustible más sensible para transporte, industria y generación eléctrica.
Especialistas energéticos coinciden en que las refinerías ecuatorianas tienen baja capacidad de “conversión profunda”, una tecnología clave para transformar crudos pesados en combustibles de mayor valor agregado.
¿Se puede salvar la Refinería de Esmeraldas en Ecuador?
La respuesta corta es sí, pero no con simples reparaciones. La mayoría de los estudios técnicos y análisis energéticos coinciden en que la refinería todavía puede extender su vida útil durante 15 o 20 años más, pero únicamente con una modernización profunda y costosa.
Las propuestas técnicas que se han discutido en los últimos años contemplan:
- Renovación integral de unidades críticas.
- Automatización.
- Sistemas modernos de seguridad.
- Mejoras ambientales.
- Nuevas unidades de conversión profunda.
- Sistemas contra incendios.
- Control digital avanzado para reducir fallas operativas.
Además, estudios universitarios sobre eficiencia energética sostienen que todavía existen oportunidades para reducir pérdidas internas y optimizar consumo energético dentro del complejo refinador.
Arias y Rojas coinciden que las inversiones necesarias son de alrededor de $2.700 millones para rehabilitar y modernizar integralmente Esmeraldas.
Ese monto permitiría mejorar eficiencia; aumentar producción; reducir paralizaciones; producir combustibles más limpios con estándares internacionales; disminuir residuos; y reducir parte de las importaciones de derivados.
Los tiempos estimados para una modernización estructural oscilan entre tres y cuatro años, aunque algunas mejoras críticas podrían ejecutarse en unos 24 a 30 meses.
Pero incluso quienes apoyan esa opción reconocen que no resolvería completamente el problema estructural.
Se considera que décadas de desgaste acumulado han elevado los costos de mantenimiento y reducido la confiabilidad operativa de la infraestructura.
“Cualquier acción de modernización de la Refinería de Esmeraldas debe aprender de los errores y horrores de la supuesta repotenciación que se hizo durante la década correísta. Fue un desperdicio de dinero y no mejoró sustancialmente nada. Otro proyecto fallido fue la Refinería del Pacífico, donde se quemaron más de $1.500 millones”, acortó Arias.
Algunos expertos consideran que Esmeraldas ya alcanzó un nivel de obsolescencia demasiado alto y que Ecuador debería pensar en una nueva refinería de conversión profunda, capaz de procesar mejor el crudo pesado y producir más combustibles de alto valor.
El problema es el costo. Se habla de $3.000 a $4.000 millones para proyectos modulares; y entre $6.000 y $8.000 millones para una gran refinería moderna.
Además, el tiempo juega en contra. Diseñar, financiar y construir una nueva planta podría tomar entre seis y diez años.
Por eso, Rojas considera que Ecuador no puede simplemente abandonar Esmeraldas mientras espera una nueva refinería.
Más importaciones de combustibles y más subsidios: el costo oculto de la dependencia petrolera en Ecuador
La dependencia de importaciones de derivados no solo afecta al sector energético. También golpea las cuentas públicas.
Cada vez que Ecuador importa más diésel y gasolinas. Eso aumenta la necesidad de divisas; sube el costo de subsidios; y crece la presión sobre el déficit fiscal.
Además, cuando el precio internacional del petróleo sube, también aumentan los costos de importar combustibles refinados.
Como ya analizó LA HORA, en el actual escenario de precios altos, se proyecta que el gasto en subsidios y compensaciones podría aumentar en al menos $2.000 millones.
Eso vuelve más vulnerable a Ecuador frente a choques externos y volatilidad internacional. (JS)
¿Cómo Ecuador puede dejar de depender de combustibles importados y salvar su sistema de refinación?
El camino más realista parece ser una estrategia híbrida.
1. Salvar Esmeraldas en el corto plazo. Ecuador necesita mantener operativa su principal refinería porque cerrarla dispararía aún más las importaciones.
Pero eso requiere inversión real; mantenimiento integral; modernización tecnológica profunda; y gestión técnica más eficiente.
2.Apostar por tecnologías de conversión profunda. Muchos especialistas sostienen que el país necesita producir más diésel y menos residuos pesados. Para eso se requieren nuevas unidades tecnológicas como hidrocracking; cokers; e instalaciones de conversión profunda.
Sin esas tecnologías, Ecuador seguirá teniendo dificultades para transformar eficientemente su crudo pesado en combustibles de alto valor.
3.Abrir el sector a inversión privada. Prácticamente todos los escenarios técnicos contemplan participación privada.
La razón es simple. El Estado ecuatoriano no tiene suficiente espacio fiscal para financiar solo proyectos de miles de millones de dólares.
Por eso aparecen propuestas de alianzas público-privadas; concesiones; operadores internacionales; o contratos de gestión técnica.
4.Reducir la dependencia del petróleo. Ecuador no resolverá el problema únicamente refinando más. También necesita disminuir el crecimiento del consumo de derivados mediante electrificación del transporte; energías renovables; eficiencia energética; movilidad híbrida; y sustitución gradual de combustibles fósiles.
Fuente: La Hora



