¿Cómo evitar el fracaso universitario de tus hijos?

Guiar en la elección de una carrera está bien, pero imponer puede pasar factura a largo plazo. María de los Ángeles Barrionuevo, vicerrectora de la PUCE, explica el rol del colegio, familia y universidad en este paso importante.
Elegir universidad no debería ser una decisión marcada solo por el miedo al costo ni por los sueños inconclusos de los padres. Ese fue el llamado de María de los Ángeles Barrionuevo, vicerrectora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), al referirse al proceso que enfrentan miles de familias cuando sus hijos están por iniciar la vida universitaria.
Barrionuevo señaló en Focus, un podcast de LA HORA –conducido por Gabriela Vivanco, directora del medio–, que a veces se desconoce la amplia oferta de becas y alternativas de financiamiento que existen en las universidades. “No siempre es necesario recurrir a préstamos complejos; hay que tocar puertas, informarse y dialogar con las instituciones para encontrar la mejor opción”, afirmó, al insistir en que la universidad debe ser un espacio de acceso y desarrollo de talentos.
La académica también advirtió sobre un error frecuente: imponer carreras. Acompañar y guiar, dijo, no es decidir por los hijos. Forzar una elección tiene un costo que aparece más adelante, en forma de frustración e inseguridad profesional.
También destacó la calidad académica de la PUCE. “Cuando hicimos un proceso de doble titulación con Francia, por ejemplo, para las carreras de Economía, nuestra malla curricular cubría los contenidos del primer año de maestría. Por lo tanto, se graduaban aquí de economistas y automáticamente estaba validado el primer año de maestría”.
P. ¿De qué sirve la universidad en la era de la inteligencia artificial?
R. No tenemos que perder el foco humanista de nuestras relaciones. La universidad nos ayuda a hacer las redes personales y nos da un compendio muy informado y académicamente estructurado. La inteligencia artificial nos va a ayudar si nosotros podemos plantear las preguntas adecuadas. Y eso es un pensamiento crítico que desarrollamos cuando formamos profesionales.
P. La generación Z es autodidacta y no acepta la autoridad de plano. Exige sentido inmediato a lo que aprende. ¿Cómo se está preparando en la universidad para educar a esta generación en particular?
R. Hay que formar profesionales integrales, críticos; y para eso está el docente. En la universidad acogemos jóvenes de diferentes niveles, esto promueve el debate y este análisis crítico. ¿Qué es lo que hacemos dentro de nuestra reflexión? Les damos la oportunidad de elegir y crecer profesionalmente. Logramos desarrollar capacidades y alternativas de certificación que les da el sentido de pertenencia, que les enseña el porqué tienen que estar en una estructura universitaria. Entonces, eso nos ha ayudado a evitar la deserción.
P. ¿Cómo encontrar pertenencia?
R. En una primera instancia, el joven tiene que descubrir qué quiere estudiar. Así puede elegir dentro de una gama. En la Universidad Católica, el estudiante durante su primer año explora qué área académica quiere trabajar y para ello toma algunas materias que le permiten tener una primera introducción a este proceso.
La selección de la carrera la van construyendo en el aula y eso hace que pertenezcan, que se introduzcan a aquello que van a hacer toda su vida.
P. ¿Los estudiantes llegan a la universidad sabiendo qué carrera elegir?
R. La mayoría no, según las estadísticas. El Foro Económico Mundial dice que el 94% de los jóvenes, de 17-18 años, no tiene claro y es crítico. Los colegios tienen un rol muy importante, porque tienen que enseñarle al estudiante a descubrir cómo aprender, cuáles son sus habilidades. La familia también tiene que aportar para que podamos entender cuáles son los gustos del joven y para eso deben hablar. Y una vez que entra a la universidad, esta tiene que acompañar.
Es importante que consideremos en este proceso de elección una universidad que nos guíe, no solamente al estudiante, sino a la familia, porque es una decisión muy grande que se va a tomar para los próximos años y que va a regir los 30, 40 años de su vida.
P. ¿Cuáles son las características de estos chicos que se están incorporando recién a la vida universitaria?
R. Los chicos aprenden muy rápido. Vienen con una inversión tecnológica grande, inclusive vienen con conceptos que en la universidad recién nos daban en nuestra época. Pero también vienen con esta necesidad de explorar el mundo. Y ahí es cuando tenemos un reto como académicos. Tenemos que ayudarles para que moldeen mejor sus habilidades.
Sin embargo, el modelo académico también cambia. Ya no tenemos solamente las carreras tradicionales. Hemos creado carreras interdisciplinarias. Por ejemplo, tenemos una carrera que se llama Ingeniería Integral, en la cual te formas en diferentes ámbitos: Ingeniería Mecánica, Eléctrica y de Sistemas; además estudias en Ecuador y en Francia. También tenemos una que se llama Filosofía, Economía y Política, integra los tres elementos.
P. En el sistema educativo norteamericano predomina el modelo de Artes Liberales, el cual permite a los estudiantes explorar un currículum base muy diverso. El europeo exige una especialización temprana. ¿Cuál prevalece en Ecuador?
R. El europeo ha sido el que la mayoría de universidades ha aplicado. Sin embargo, ha habido un cambio de visión. En la Universidad Católica tenemos justamente las materias de tronco común, es decir, se particiona por áreas de conocimiento. Por ejemplo, si va a estudiar Administración de Empresas, toma las materias junto con estudiantes de Contabilidad, Marketing, Economía, Relaciones Internacionales. Por lo tanto, no necesariamente el momento en que ingresas a la universidad ya tomaste la decisión definitiva de la carrera. Sabes qué área de conocimiento te interesa y cuando comienzas a cursar este primer año con las diferentes opciones, tomas la decisión de cuál es la carrera en la que te vas a quedar los próximos 3 años.
P. ¿Cómo la universidad trata de fomentar estas habilidades que son más blandas para que los estudiantes tengan esta oportunidad de encontrar sus talentos, invirtiendo en su carrera y en su intelecto?
R. Por un lado, tienes este imaginario que se cree en redes sociales que puedes vivir solamente con ciertos trabajos e incluso sin estudiar. Por otro lado, es el gran porcentaje de las personas que no llegan a tener esta posibilidad de ser un influencer. Entonces, hay que trabajar con este grupo.
Para eso están las prácticas preprofesionales, en donde les pones en contacto con esta realidad. El encontrarse ya en un mundo laboral tiene retos, como aprender a interactuar con la gente, aprender a trabajar en equipo y esas son habilidades que necesitan ir desarrollando no solamente desde la teoría, sino también desde la práctica.
Algo muy interesante que nosotros tenemos es un programa de vinculación social, en el cual también nuestros estudiantes se involucran con otros grupos de la sociedad, que tal vez tienen ciertos requerimientos, que nos ayuda a desarrollar la parte humana de las personas. Entonces, cuando tú les formas académicamente, pero también como seres éticos e integrales, consigues este profesional que tiene más habilidades para enfrentarse al mundo.
P. ¿Qué implica estudiar en una universidad pontificia desde los valores?
R. Desde los valores, la formación jesuita te invita a ser una mejor persona, a poner tus talentos al servicio, a tener un enfoque profesional-ético. Pero, también está la calidad académica. Implica ser parte de la red más grande de universidades católicas y jesuitas del mundo. Por lo tanto, te abre la oportunidad de relaciones internacionales.
P. ¿Cómo lidias cuando la universidad profesa ciertos valores y la familia va por otro lado?
R. En la Universidad Católica tenemos principios éticos y humanistas, pero no necesariamente es la religión católica, porque las familias se pueden cuestionar. Lo que nosotros tenemos es un pensamiento abierto dentro de todos los procesos y acompañamos. Tenemos procesos de formación espiritual para aquellos que así lo requieran y formación psicológica.
Incluso tenemos la Universidad del Adulto Mayor (para saber más sobre esto anda al minuto 19 del video). El ver estas diferencias generacionales en el campus genera un sistema de pertenencia en la comunidad.
P. En países como Francia hay un año de preuniversitario. ¿Eso no le serviría al Ecuador para homologar el nivel de los estudiantes?
R. Hay dos elementos. El primero es de riesgo. Muchos chicos deciden tomar un año sabático. Sin embargo, ahí puede que ya no estudie.
El otro elemento, y que sí pasó en las leyes ecuatorianas, es que nos restringieron el tiempo de duración de las carreras universitarias. Antes teníamos un modelo de propedéutico, que era un semestre en el que equiparabas conocimientos. En los nuevos cambios te restringieron esto para que lleguen directo los estudiantes a su carrera.
Por eso, en la Universidad Católica tenemos unos cursos preparatorios, en los que además de hacer un análisis vocacional, damos cursos de redacción académica, formación de metodologías de investigación, matemáticas, porque queremos que todos los estudiantes puedan tener por lo menos las habilidades básicas.
P. ¿Y estos cursos son solo para los alumnos que ya son aceptados en la universidad?
R. No. Son cursos en los que tú estás haciendo una exploración vocacional, lo que nosotros hacemos es tener también una especie de curso preparatorio en donde te damos todas estas habilidades y destrezas para que elijas la carrera y en algunos casos muchos de los estudiantes van conociendo más la universidad.
P. ¿Cómo se incentiva a una población universitaria para que estudie lo que quiere, pero a la vez explote sus talentos y construya una sociedad de progreso?
R. Tengo una respuesta desde un enfoque territorial y no quiero dividirlo solo entre el urbano y lo rural, sino considerar que cada territorio tiene su diferente vocación productiva. La PUCE tiene siete sedes; lo que nosotros ofertamos en Ibarra es diferente en algunas materias a las que ofertamos en Manabí, donde tenemos temas marinos, por ejemplo. Respetamos la vocación productiva del territorio para fortalecer a la gente de la zona.
P. Ese riesgo de la deserción viene por varios motivos. ¿Cuáles son las características de estos estudiantes?
R. Primero, en la indecisión al tomar la carrera. Segundo, que estarían más interesados en trabajar. Y lo que nosotros tenemos que hacer es un proceso de acompañamiento. Uno de los elementos que nos ha llevado a reflexionar justamente en la Universidad Católica es quién debe dar ese acompañamiento. Ahora tenemos una estructura de mentores, que son psicólogos, que están distribuidos por cada una de las carreras y tienen un contacto directo con los estudiantes.
Los docentes en el aula levantamos la primera alerta. Lo importante es evitar la deserción.
P. ¿Cuáles son las posibilidades laborales de los estudiantes que salen de la universidad?
R. La Universidad Católica es la número uno en empleabilidad en Ecuador. 7 de cada 10 estudiantes de la PUCE están en el mercado laboral. Consiguen trabajo por la calidad académica y las redes que tenemos.
Fuente: La Hora





