Ecuador necesita invertir $4.400 millones contra la pobreza: la clave está en empleo e inversión privada

Cerca de 4 millones de ecuatorianos siguen en pobreza monetaria. Reducirla exige un esfuerzo fiscal cercano al 4% del PIB. La clave sería generar empleo e inversión.
La pobreza en Ecuador tiene una paradoja: está bajando, pero el problema sigue siendo gigantesco.
En 2020, en plena pandemia, el 33% de la población cayó en pobreza monetaria. Cinco años después, la tasa se redujo a 21,8%. La mejora es evidente. Sin embargo, detrás de ese porcentaje todavía hay cerca de 4 millones de ecuatorianos que no cuentan con ingresos suficientes para cubrir su canasta básica de alimentos y servicios.
La pregunta, entonces, cambia.Ya no es solamente cuántas personas salieron de la pobreza, sino qué se necesita para que millones más puedan hacerlo de manera sostenible.
Una respuesta planteada por Máximo Damián Baldera, gerente general de Estudios Econométricos en Perú, apunta a una cifra de gran tamaño: alrededor del 4% del PIB real de Ecuador.
Ese sería, según su análisis, el esfuerzo fiscal, o la inversión, que el Estado debería canalizar para reducir de manera significativa la pobreza monetaria en Ecuador.
Pero el propio análisis plantea un dilema para las finanzas públicas: ¿Ecuador debe gastar más para combatir la pobreza o necesita crecer más para generar los ingresos que permitan reducirla?
La respuesta no está en escoger una sola de las dos opciones.
Ecuador reduce la pobreza, pero necesita que su economía crezca más de 5% para acelerar la recuperación
Una persona está en pobreza monetaria cuando sus ingresos no alcanzan para cubrir la canasta de alimentos y la canasta de servicios. En esta última entran gastos como transporte, educación, internet y servicios básicos.
En 2018, la pobreza monetaria en Ecuador alcanzaba al 22,3% de la población. Con la llegada de la pandemia, la tasa saltó al 33% en 2020. En términos prácticos, cerca de 2 millones de personas adicionales pasaron a formar parte de la población pobre.
Después comenzó la recuperación. La tasa bajó al 28,18% en 2021 y ahora está cerca del 22%. Sin embargo, el número de personas que todavía enfrentan pobreza monetaria sigue siendo cercano a 4 millones.
La reducción, por tanto, ha sido importante, pero lenta.
“Si el país no crece a tasas por encima de 5% como mínimo, va a ser bien complicado reducir la pobreza monetaria”, sostuvo Baldera.
Ahí aparece el primer gran problema: Ecuador necesita más recursos para atender la pobreza, pero su economía no crece con la velocidad necesaria para generar suficientes empleos e ingresos.
Baldera proyecta que, sin cambios sustanciales, la economía ecuatoriana crecerá a tasas inferiores al 2% en los próximos años. Si ese escenario se cumple, la economía tendría dificultades para absorber a más trabajadores, mejorar los ingresos de los hogares y reducir la pobreza a una velocidad significativa.
¿Ecuador tiene los recursos para pagar el precio de reducir la pobreza?
El 4% del PIB no es una nueva obligación para el Estado ni significa que el Gobierno deba transferir automáticamente ese monto a los hogares. Es una estimación teórica que busca mostrar cuánto esfuerzo de financiamiento se necesitaría para reducir la pobreza monetaria.
La cifra sirve para dimensionar el tamaño del reto. En 2018, ese esfuerzo equivalía al 3,6% del PIB. Durante la pandemia, en 2020, llegó al 6,1%. Para 2024, la estimación alcanzó el equivalente al 3,9% del PIB. Para este 2026, la referencia se ubica nuevamente en alrededor del 4%, lo que representa alrededor de $4.400 millones
La pregunta aparece de inmediato: ¿de dónde saldrían esos recursos?
Ecuador no puede simplemente abrir la llave del gasto público. Tiene que lidiar con el déficit, la deuda, el pago de intereses y una recaudación que debe sostenerse en el tiempo.
Por eso, el debate no se resume en “más dinero para combatir la pobreza”. El desafío es más complejo: lograr que cada dólar público ayude a una familia hoy, pero también contribuya a que esa familia necesite menos ayuda mañana.
Ecuador necesita que la ayuda contra la pobreza se convierta en empleo
Un bono puede ayudar a una familia a comprar alimentos este mes. Pero no crea un empleo, una empresa o una fuente permanente de ingresos.
Por eso, la solución no es eliminar los programas sociales. Al contrario, son indispensables para proteger a los hogares más vulnerables. Pero Baldera sostiene que la política social no puede caminar separada de la política económica.
La idea central es sencilla: “¿Qué se necesita? Generar empleo”, dijo Baldera. Y para eso, la inversión privada es clave.
La ruta propuesta combina cinco frentes:
- Proteger a quienes no pueden esperar. Los hogares en pobreza extrema necesitan ayuda inmediata. Los bonos deben llegar a quienes realmente no pueden cubrir sus necesidades básicas, mientras se crean oportunidades para que generen ingresos propios.
- Usar la inversión como una palanca. La inversión privada crea empresas y empleos. El Estado puede ayudar mejorando carreteras, infraestructura, permisos y condiciones para que las empresas lleguen a las zonas más pobres, en lugar de reemplazar permanentemente a la actividad privada.
- Llevar más recursos donde la pobreza es más profunda. El promedio nacional puede esconder realidades muy distintas. Mientras la pobreza monetaria llega al cerca del 22% en todo el país, alcanza el 74,2% en Morona Santiago y el 58,6% en Napo. Provincias como Orellana, Sucumbíos y Pastaza también requieren políticas diferenciadas.
- Convertir el turismo en una fuente de ingresos. Una visita puede mover transporte, hoteles, restaurantes, comercio, guías y producción local. El Estado debe crear las condiciones para que la inversión llegue y las comunidades participen en actividades con encadenamientos productivos como el turismo.
- Medir la inversión por lo que transforma, no solo por lo que gasta. Tener presupuesto no basta. Si el dinero no se convierte en carreteras, agua potable, conectividad, escuelas, salud o proyectos productivos, la pobreza permanece. Se debe evaluar el retorno efectivo de cada dólar invertido, no solo el monto total.
El reto, en suma, tiene dos caras: conseguir recursos y lograr que cada dólar se convierta en oportunidades reales de empleo e ingresos.
“Ecuador necesita dejar de mirar el gasto público únicamente desde la lógica de cuánto dinero se entrega. Hay que revisar con rigor dónde se está gastando y qué resultados produce cada dólar. Los bonos deben llegar a quienes realmente los necesitan, pero con una ruta que permita que, en el mediano plazo, esas familias puedan dejar de depender de ellos”, apuntó Andrés Rodírguez Verdesoto, economista.
Al mismo tiempo, el Estado debe invertir con inteligencia en infraestructura y hacerlo de la mano del sector privado, para que esa inversión se traduzca en actividad económica, empleo y nuevas fuentes de ingresos. (JS)
Fuente: La Hora



