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Terremoto en Venezuela: alertas ignoradas y una factura de $10.000 millones

Años de advertencias sobre el riesgo sísmico no evitaron la tragedia que golpeó a Venezuela. Mientras continúan las labores de rescate, las pérdidas económicas podrían superar los $10.000 millones y alcanzar hasta el 7 % del PIB del país.

El devastador terremoto que sacudió Venezuela no tomó por sorpresa a la comunidad científica. Aunque nadie podía predecir la fecha exacta de un sismo, geólogos, sismólogos e instituciones especializadas habían advertido durante años que el país enfrentaba una amenaza sísmica real y permanente debido a su ubicación sobre importantes fallas tectónicas.

La tragedia, que dejó más de 1.400 fallecidos y miles de heridos y desaparecidos, abrió un intenso debate sobre por qué un país que conocía sus riesgos naturales terminó enfrentando una emergencia para la que no estaba preparado.

Terremoto en Venezuela: una amenaza conocida desde hace décadas

Venezuela se encuentra en una de las zonas sísmicas más activas del norte de Sudamérica. El territorio está atravesado por sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar, cuyo potencial destructivo ha sido ampliamente estudiado por especialistas y organismos científicos.

La historia también ofrecía señales claras. Caracas sufrió terremotos devastadores en 1641, 1812, 1900 y 1967. Investigaciones académicas documentaron que algunas zonas de la capital son especialmente vulnerables debido a características geológicas que amplifican las ondas sísmicas.

En septiembre de 2025, la geóloga venezolana Luiraima Salazar advirtió que la posibilidad de un terremoto superior a magnitud 7 en Venezuela no era una hipótesis remota, sino una amenaza latente derivada de la acumulación continua de esfuerzos tectónicos. La especialista hizo la advertencia a partir de su artículo El gran sismo del occidente venezolano, otra amenaza pendiente, en el que analizó la actividad del sistema de fallas Oca-Ancón y alertó sobre el potencial sísmico de la región.

Además, recordó que investigaciones previas del reconocido sismotectonista venezolano Frank Audemard ya habían identificado la posibilidad de un terremoto de hasta magnitud 7,5 en esa zona.

El terremoto expuso una deuda pendiente: prevención e infraestructura en Venezuela

Los especialistas coinciden en que Venezuela no carecía de conocimiento científico sobre el riesgo sísmico. El problema radicaba en la brecha entre las advertencias técnicas y las acciones concretas para reducir la vulnerabilidad de la población.

Durante años se recomendó reforzar edificaciones antiguas, actualizar evaluaciones estructurales, mejorar los controles urbanísticos y fortalecer los sistemas de emergencia. Sin embargo, muchas de esas medidas no se implementaron de forma suficiente o sostenida.

La situación se agravó por el deterioro de la infraestructura pública, las limitaciones de los servicios de emergencia y la falta de recursos para organismos encargados de la gestión de riesgos. Tras el terremoto, imágenes de rescatistas y vecinos removiendo escombros con sus propias manos reflejaron las dificultades para responder a una catástrofe de gran escala.

El debate también alcanzó al sistema de vigilancia sísmica del país. Según declaraciones del geofísico venezolano Raúl Estévez, fundador de la Red Sismológica de los Andes Venezolanos, el país había perdido gran parte de su capacidad de monitoreo durante los últimos años. El experto aseguró que la red nacional llegó a contar con cerca de 300 estaciones, pero actualmente solo una fracción permanece operativa.

Estévez señaló que el debilitamiento institucional y la migración de especialistas redujeron la capacidad para detectar señales precursoras y emitir alertas tempranas más efectivas.

Otro de los aspectos más cuestionados tras la tragedia es la falta de una cultura de prevención comparable a la de países altamente sísmicos como Chile o Japón.

El costo de la reconstrucción: el golpe económico del terremoto en Venezuela

El terremoto también amenaza con convertirse en uno de los desastres naturales más costosos de la historia reciente de Venezuela.

Las primeras estimaciones del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) indican que los daños ocasionados en viviendas, edificios públicos, infraestructura vial y servicios básicos podrían representar entre el 5 % y el 7 % del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano

Por otra parte, un informe inicial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calcula que los daños físicos directos ascienden a aproximadamente $6.700 millones. Esa cantidad equivale a cerca del 6 % del PIB del país y refleja la magnitud de la destrucción provocada en hogares, hospitales, escuelas, carreteras e infraestructura estratégica.

A estas estimaciones se suman los análisis de especialistas del sector reasegurador citados por Reuters, quienes prevén que las pérdidas económicas totales superarán ampliamente los $10.000 millones una vez que se incorporen los costos de reconstrucción, la interrupción de actividades productivas y los efectos indirectos sobre el empleo y el consumo.

Ante la magnitud de la emergencia, la presidenta interina Delcy Rodríguez anunció la creación de un fondo especial de 200 millones de dólares financiado con recursos provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI). (JS)

Fuente: La HORA

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