Morosidad en Ecuador: por qué Esmeraldas tiene cinco veces más deuda impaga que Cañar

Uno de cada cuatro dólares prestados en Esmeraldas está en mora. Un informe basado en datos del Banco Central muestra cómo el incumplimiento de créditos se ha convertido en un termómetro de la realidad local.
Mientras en algunas provincias los créditos se pagan con relativa normalidad, en otras las dificultades económicas comienzan a reflejarse con fuerza en las carteras de los bancos y cooperativas.
Esmeraldas es el caso más extremo. Esto según el estudio Presencia de las entidades financieras en el territorio ecuatoriano, elaborado por la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD) con datos del Banco Central del Ecuador (BCE), la Superintendencia de Bancos y la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (SEPS).
En el estudio, Esmeraldas registra una morosidad de 25,86% en su cartera de crédito, la más alta del país.
La cifra significa que aproximadamente uno de cada cuatro dólares prestados presenta atrasos en sus pagos.
El dato resulta más llamativo cuando se compara con otras provincias. En Cañar, por ejemplo, la morosidad alcanza apenas 5,29%. En otras palabras, Esmeraldas presenta un nivel de incumplimiento casi cinco veces superior.
Más allá de una estadística financiera, la diferencia retrata dos realidades económicas completamente distintas.
La morosidad desnuda la salud económica de hogares y pequeños negocios en Ecuador
La morosidad suele funcionar como un termómetro silencioso de la salud económica de los hogares y de los pequeños negocios. Cuando las familias pierden capacidad de compra, los ingresos se vuelven inestables y el empleo se deteriora, una de las primeras señales aparece en el pago de las obligaciones financieras.
Por eso, detrás de cada punto porcentual de mora existe una historia relacionada con empleo, actividad productiva, ingresos familiares y capacidad de recuperación económica.
El propio estudio señala que las diferencias territoriales en el acceso y uso de los servicios financieros están estrechamente relacionadas con factores como la infraestructura, la conectividad y el nivel de desarrollo económico de cada provincia. Es decir, la morosidad no solo refleja el comportamiento de los deudores, sino también las condiciones económicas en las que operan hogares y empresas.
«La morosidad no es únicamente un indicador financiero. Cuando comienza a subir de forma sostenida suele reflejar que los ingresos familiares están perdiendo capacidad para sostener el consumo y las obligaciones adquiridas. Es, en muchos casos, una de las primeras señales de deterioro económico que aparece antes que otros indicadores», explica la economista Verónica Salazar, especialista en inclusión financiera.
La mora deja al descubierto las distintas realidades económicas del Ecuador
El informe muestra que los niveles más elevados de morosidad se concentran en dos provincias de la Costa.
Después de Esmeraldas aparecen Los Ríos, con una morosidad de 10,32%; Imbabura, con 7,90%; Manabí, con 7,65%; Bolívar, con 7,48%; y Cotopaxi, con 7,02%.
En contraste, varias provincias de la Sierra y la Amazonía presentan indicadores considerablemente más bajos. Cañar registra 5,29%; Chimborazo, 5,72%; Zamora Chinchipe, 5,98%; y Loja, 6,15%.
La brecha territorial evidencia que el comportamiento del crédito no depende únicamente de factores financieros, sino también de las condiciones económicas locales.
El estudio también muestra que la Costa y la Sierra concentran alrededor del 95% de los puntos de atención financiera existentes en el país.
Sin embargo, los investigadores advierten que la sola presencia de oficinas, agencias o corresponsales no garantiza que los servicios financieros sean utilizados de manera efectiva ni que las personas puedan aprovechar plenamente el sistema financiero.
Los pequeños negocios con más dificultades tienen para pagar sus créditos
Otro hallazgo del estudio es que el segmento más afectado por el incumplimiento es el microcrédito, es decir, los préstamos destinados principalmente a pequeños emprendedores, comerciantes y trabajadores independientes.
En Esmeraldas, la morosidad del microcrédito alcanza un alarmante 39,94%, una de las tasas más elevadas registradas.
También se observan niveles altos en Los Ríos (16,56%), El Oro (14,23%), Manabí (13,25%) y Loja (11%).
Este comportamiento sugiere que los sectores más vulnerables de la economía son también los que enfrentan mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.
Cuando un pequeño negocio vende menos, cuando la actividad comercial se desacelera o cuando los ingresos de una familia disminuyen, el microcrédito suele ser uno de los primeros compromisos que empieza a acumular retrasos.
Para el economista Andrés Robalino, especialista en desarrollo productivo y finanzas populares, este fenómeno refleja las dificultades que enfrenta la economía real en los territorios.
«El microcrédito suele ser el primer termómetro del estado de los pequeños negocios. Cuando aumenta la morosidad entre emprendedores y trabajadores independientes, generalmente no estamos viendo un problema financiero aislado, sino una señal de que las ventas, los ingresos y la actividad económica local están perdiendo dinamismo. Detrás de cada cuota impaga suele haber un negocio que vende menos o una familia que enfrenta mayores dificultades para generar ingresos», explica.
Cañar y Esmeraldas: dos caras opuestas del crédito en Ecuador
La comparación entre provincias con situaciones distintas ofrece pistas importantes. Así, mientras Esmeraldas presenta la mayor morosidad del país, Cañar se ubica entre las jurisdicciones con mejor comportamiento de pago.
Además, Cañar registra un porcentaje de adultos con crédito de 39,99%, muy superior al 11,08% observado en Esmeraldas.
Es decir, la provincia austral no solo tiene más personas vinculadas al sistema financiero, sino que mantiene niveles de incumplimiento significativamente menores.
La diferencia es mayor cuando se observa el acceso al financiamiento. En términos prácticos, Cañar tiene casi cuatro veces más adultos con crédito formal que Esmeraldas, pero exhibe una tasa de morosidad cinco veces menor.
Así, más acceso al crédito no necesariamente implica más riesgo.
Por el contrario, los datos sugieren que una mayor inclusión financiera, acompañada de una actividad económica relativamente estable, puede coexistir con niveles de mora controlados.
Las diferencias territoriales no obedecen únicamente a factores geográficos o a la presencia de instituciones financieras.
Según el estudio, “no solo existen barreras geográficas, sino también barreras funcionales y características económicas y financieras, como el riesgo de crédito, que influyen en la colocación y captación de recursos”.
En otras palabras, detrás de los elevados niveles de mora aparecen factores estructurales como la capacidad de pago, la fortaleza de las economías locales y las oportunidades de generación de ingresos. (JS)
Fuente: LA hora





