¿Por qué la lectura debe empezar antes del año de edad?

La primera infancia es una época crucial para el desarrollo del hábito y el comportamiento lector en una persona. La educación formal juega un rol importante, pero en realidad la enseñanza empieza desde el ejemplo y la apertura en el hogar.
El hábito de la lectura empieza en la primera infancia. Los niños y niñas desarrollan su imaginación, concentración e incluso sus vínculos emocionales a partir del primer año de vida, por lo que la enseñanza desde sus familiares y cuidadores se convierte en un aspecto fundamental para su desarrollo.
“No es necesario esperar a que exista una competencia lectora desarrollada en niños y niñas para empezar a fomentar la lectura”, explica Carla Carrillo, educadora, especialista en educación con enfoque en mente y cerebro, y docente de la carrera de Educación en la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).
Desde el primer año, los niños empiezan a reaccionar a imágenes, colores y sonidos, por lo que puede fomentarse el interés por las historias. Sin embargo, generar un hábito de lectura va de la mano del ejemplo. Es fundamental que un niño crezca en un entorno con acceso a libros y en el que algún miembro de la familia o cuidador también lea.
Gabriela Lara es licenciada en Educación Inicial y directora de Piccolo Children’s Center, un centro infantil que trabaja con niños de 1 a 5 años de edad. Para Lara, incluso es recomendable leer cuentos a los niños desde que están en el vientre de la madre para fortalecer el vínculo emocional y que, a partir del 1 año, se genere una rutina que fomente la concentración y la creatividad.
El hábito de leer: un aprendizaje progresivo
La motivación, la emoción y las experiencias significativas son parte de la construcción del hábito. “Si hablamos desde la perspectiva de la neurociencia, el interés por la lectura no es algo que se pueda imponer, sino que se construye de forma progresiva”, indica Carrillo.
Empezar a una edad temprana permite cultivar el interés del niño o niña, pero sigue siendo responsabilidad de los padres reforzar el proceso.
0 a 1 año
- Libros cortos.
- Frases simples.
- Colores e imágenes llamativas.
Por qué importa: estimulan sentidos y atención temprana.
1 a 3 años
- Más ilustraciones que texto.
- Historias breves y repetitivas.
- Rutina diaria de lectura.
Clave: constancia antes que cantidad.
El comportamiento lector y el vínculo emocional
El hábito lector actúa en conjunto con lo que se conoce como ‘comportamiento lector’, que es la manera en que la persona se relaciona con el libro. El apego y el vínculo con la lectura parte de las enseñanzas y las vivencias que dejan las historias, ya sea novela, ciencia ficción o algún otro género.
Carrillo explica que este comportamiento se desarrolla desde una perspectiva más recreativa y relacionada con las vivencias personales, que dejan un aprendizaje en el niño o niña.
El método en el que se impone un libro específico para un niño o niña en casa o en el caso de las escuelas para todos los alumnos va en contra de este aspecto. El éxito radica en dar opciones a los niños y niñas en casa y en la escuela para que ellos elijan el que más les llame la atención.
La guianza lectora y la lectura como base del aprendizaje
La búsqueda de un espacio es parte de la experiencia. Los niños y niñas son quienes deben tener la oportunidad de elegir sus propias lecturas. De esta manera, los especialistas recomiendan a los padres de familia prestar atención a las temáticas de las historias que cautivan a sus hijos para entender qué tipo de lectura les resulta más interesante. Para eso hay que:
- Dejar libros al alcance.
- Ofrecer variedad de temas y formatos.
- Permitir que el niño elija.
Clave: interés genuino, no obligación.
El espacio también educa.
- Bibliotecas.
- Librerías.
- Centros infantiles con programas lectores.
Impacto: la experiencia importa tanto como el libro.
Leer es la base de todo aprendizaje.
- Comprender.
- Interpretar.
- Analizar.
Sin comprensión lectora, el resto de materias se complica.
Isabel Merino, especialista en Educación y Comunicación, y directora del Instituto de Enseñanza y Aprendizaje (IDEA) de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), lo resume así: la lectura no es solo una asignatura, es la herramienta para aprenderlo todo.
Más que evaluar, compartir.
- Conversar sobre lo leído.
- Escuchar opiniones.
- Crear una rutina diaria.
Objetivo final: que leer pase de tarea a elección propia. - Fuente: La Hora





