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A 10 centímetros del apagón: la realidad de las 18 hidroeléctricas y el envejecido parque térmico de Ecuador

A solo 10 centímetros de iniciar el apagón de Mazar, la crisis eléctrica expone el frágil motor del país: dependemos de 18 hidroeléctricas bajo presión climática y un parque térmico obsoleto que se sostiene con maquinarias de hace más de 40 años

Para entender por qué los ecuatorianos miran el cielo con ansiedad cada año cuando empieza la época de estiaje, es necesario mirar debajo de la superficie del sistema eléctrico del país.

Ecuador depende de un delicado equilibrio entre lluvias y el estado de sus hidroeléctricas y sus plantas térmicas y a gas.

Basados en el minucioso levantamiento de datos del investigador y ex profesor de la ESPOL, Sergio Flores Macias, junto con los reportes de la plataforma independiente Amaru, LA HORA desnuda la realidad energética del país: un mapa donde conviven centrales vitales, maquinarias con más de 40 años a cuestas y promesas de infraestructura que no se han concretado.

La columna vertebral del sistema eléctrico: 18 hidroeléctricas que sostienen al Ecuador

Para comprender la dependencia del Ecuador a las lluvias, hay que mirar los números. El 70% de la energía del país proviene de la fuerza del agua. Según los datos oficiales recopilados, el país cuenta con un potencial enlistado de 7.947,3 megavatios (MW) en proyectos hidroeléctricos.

Sin embargo, la realidad operativa es otra. Apenas 4.880,6 MW están realmente en funcionamiento. ¿Con qué contamos realmente?

Ecuador tiene en este momento 18 centrales hidroeléctricas en estado operativo. En este grupo destacan los dos grandes gigantes que cargan con el mayor peso:

  • Coca Codo Sinclair (con 1.500 MW de capacidad)
  • Paute-Molino (1.100 MW).

Pero el sistema tiene vacíos. Esa brecha de más de 3.000 MW entre lo «listado» y lo «operativo» se explica por proyectos paralizados o inconclusos, como la central Quijos (50 MW) y el complejo Mazar-Dudas (21 MW), que funciona de manera apenas parcial.

A esto se suman los megaproyectos que siguen siendo solo en el papel: Cardenillo (595,7 MW) y el gigante Santiago (2.400 MW), que ni siquiera han iniciado construcción.

El «plan B» que tose: un parque térmico envejecido y con fallas complica la provisión de electricidad en Ecuador

Cuando no llueve, el país debería poder encender sus motores a combustible y gas. Este parque térmico representa el 30% restante de la generación eléctrica, pero su salud es frágil. De una potencia total listada de 2.795,9 MW, la realidad golpea con solo 2.294,9 MW efectivamente en operación.

¿Por qué nuestro respaldo falla? Primero, por la edad. Si visitara centrales como Miraflores, Aníbal Santos o Gonzalo Zevallos, vería maquinaria que lleva más de 40 años operando. Es el equivalente a pedirle a un auto de los años setenta que compita en una carrera de Fórmula 1 todos los días.

Segundo, por los problemas de mantenimiento y contratos recientes. Centrales clave como Termogas Machala operan con restricciones, y Esmeraldas II presenta fallas. Peor aún es el escenario de las soluciones de emergencia que se buscaron entre 2024 y 2025: los proyectos El Salitral (100 MW), Quevedo III (50 MW) y Pascuales (260 MW) constan hoy como contratos fallidos o inconclusos.

Para tapar este bache, el país se ha visto obligado a depender de alquileres temporales, como las tres barcazas de Karpowership que aportan 300 MW al sistema.

El drama de Mazar: a 10 centímetros de la oscuridad

Con este parque generador trabajando al límite, los ojos del país regresan al complejo Paute. Imagínese a Mazar como un gran tanque de reserva; si este tanque se vacía, toda la cascada de generación que está más abajo pierde fuerza.

La mañana de este 21 de octubre, el nivel de Mazar se ubicó en 2.121,1 metros sobre el nivel del mar. Esto significa que está a escasos 10 centímetros de la temida zona de cortes o apagones generalizados (2.121 metros).

El problema es una simple ecuación de suma y resta: actualmente están entrando unos 38 metros cúbicos de agua por segundo gracias a la naturaleza, pero el sistema está «bebiendo» 51 metros cúbicos por segundo para mantener nuestras luces encendidas.

Esta diferencia hace que el embalse pierda 60 centímetros diarios. Si baja 6,1 metros más (hasta la cota crítica de 2.115), las turbinas de Mazar tendrán que apagarse para evitar daños severos ¿Qué le espera al Ecuador en los próximos días?

La buena noticia, si cabe el término, es que todavía no se llega al escenario crítico de 2024. Hoy, Mazar tiene unos seis metros más de agua de los que tenía en exactamente la misma fecha de aquel año de fuertes racionamientos, lo que nos da una «ventaja» de unas cinco semanas.

Además, la cuenca llegó más húmeda este año, por lo que retiene y aporta mejor el agua.

Las lluvias dictarán la sentencia final de lo que pase con el sistema eléctrico en Ecuador a finales de octubre e inicios de noviembre de 2026

La última semana cayeron 32 milímetros en la cuenca del Paute, y se esperan 47 milímetros para la próxima. Sin embargo, las matemáticas del clima dicen que en los próximos 30 días lloverán unos 110 milímetros, pero Mazar necesita al menos 125 milímetros para dejar de secarse y empezar a recuperarse.

La simulación elaborada por Amaru estima una probabilidad del 65% de que Mazar entre en la zona asociada a cortes eléctricos en algún momento de los próximos 30 días. Además, calcula una probabilidad del 31% de que el embalse alcance la cota crítica de 2.115 metros durante ese mismo período.

Sin embargo, el propio modelo advierte que los apagones no dependen únicamente de Mazar. También influyen la generación de Coca Codo Sinclair, el aporte de las centrales térmicas, las importaciones de energía desde Colombia y las decisiones operativas del Gobierno y del operador eléctrico nacional.

En el escenario central del modelo, Mazar no se apagaría en los próximos días y mantendría una cota cercana a 2.123 metros a finales de octubre. La probabilidad de que caiga por debajo de 2.115 metros dentro de los próximos nueve días es de apenas 7%.

Mientras Mazar concentra la mayor atención, otras centrales estratégicas muestran señales mixtas.

Coca Codo Sinclair, la mayor central hidroeléctrica del país con 1.500 MW de capacidad instalada, está produciendo el 47% de su capacidad. Las previsiones meteorológicas indican que su cuenca recibirá menos lluvia que la semana anterior.

Por su parte, el complejo Agoyán-San Francisco, con 386 MW, operaba al 49% de su capacidad y mantiene perspectivas de lluvias similares a las observadas recientemente.

A diferencia de Mazar, estas centrales funcionan prácticamente sin grandes embalses de regulación, por lo que su producción depende del caudal diario de los ríos y responde rápidamente a los cambios en las precipitaciones.

Por qué cada metro sin lluvia nos cuesta energía y nos acerca al apagón generalizado al Ecuador

Según Alejandro Jaya Montalvo, líder de gestión regulatoria en Energy Control S.A, si no llueve este 21 de octubre de 2025, la suerte del país está echada.

Mazar ha perdido otros 5 MW de capacidad de generación por la reducción de su altura hidráulica, quedando cerca de los 125 MW. A medida que siga descendiendo el embalse, continuará perdiendo potencia:

  • 2120 msnm: 125 MW.
  • 2119 msnm: aproximadamente 120 MW.
  • 2117 msnm: aproximadamente 115 MW.

En la crisis de 2024 llegamos a observar descensos de hasta 1,6 metros diarios en este rango de cotas. Y ahora el país está entrando nuevamente en esa zona crítica, con muy poca reserva disponible.

Estamos consumiendo la última parte útil del embalse. Cada metro que perdemos significa menos altura hidráulica, menos potencia disponible y menor margen para sostener la generación del Complejo Paute.

Lo más preocupante, de acuerdo con Jaya Montalvo, es que, hasta el momento, no se han anunciado apagones programados. “Al parecer, la decisión es continuar utilizando las últimas reservas de Mazar para sostener la demanda nacional”, acotó.

Pero esta estrategia tiene un límite físico. El agua se acaba y la potencia disminuye. Si no llegan lluvias importantes, podría terminar agotándose el margen operativo del embalse sin haber reducido oportunamente la demanda.

“Y de ahí, que sea lo que Diosito quiera con este Ecuador amazónico, donde paradójicamente tenemos tanta agua durante buena parte del año, pero hoy dependemos desesperadamente de que llueva”, concluyó. (JS)

Fuente: El Telégrafo

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