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Pacientes en Ecuador esperan hasta 8 meses por un diagnóstico de enfermedad catastrófica

En patologías graves como el cáncer o enfermedades raras, la espera de hasta ocho meses por un diagnóstico provoca detecciones en etapas avanzadas, reduciendo drásticamente las probabilidades de supervivencia.

El sistema de salud pública en Ecuador enfrenta una de sus crisis institucionales y operativas más agudas, dejando a miles de ciudadanos en total indefensión. Organizaciones civiles, gremios médicos y defensores de los derechos de la salud han alzado la voz ante una realidad alarmante: los pacientes deben esperar hasta 8 meses para obtener una cita médica de especialidad o un diagnóstico definitivo.

«Este retraso burocrático tiene consecuencias fatales», dice Ana C., paciente del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), quien relata que en más de una ocasión llegó a una cita médica y no fue atendida. “Mi médico había renunciado y recién me avisaron cuando llegué al hospital. Pregunté qué hacer y solo me respondieron que vaya todos los días y vea si me atienden (…) yo hago 1 hora y media de mi casa, al hospital, en bus”.

En patologías complejas como el cáncer, donde cada día cuenta, una espera de más de medio año provoca que la enfermedad sea detectada en etapas avanzadas, reduciendo drásticamente las posibilidades de supervivencia y el éxito de los tratamientos.

La «odisea diagnóstica» en las enfermedades raras

Esta alarmante espera de hasta 8 meses agrava profundamente la situación de quienes padecen enfermedades raras o huérfanas. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que existen más de 7.000 de estas condiciones en el mundo —afectando a más de 300 millones de personas—, en Ecuador el camino hacia una detección temprana es una carrera llena de obstáculos estructurales.

A pesar de que en mayo de 2025 la Asamblea Mundial de la Salud declaró a estas patologías como una prioridad de salud pública y de que Ecuador cuenta con el Registro Único de Personas con Enfermedades Raras (RUER) desde 2023, la realidad en los hospitales dista mucho de las leyes. Los pacientes con condiciones como la fibrosis quística, la atrofia muscular espinal, la enfermedad de Gaucher, la distrofia muscular de Duchenne o el síndrome de Rett se enfrentan diariamente a:

  • Un grave déficit de profesionales capacitados para identificar estos cuadros clínicos.
  • Demoras extremas e inequidades para acceder a exámenes especializados.

Cifras rojas en los hospitales: El caso del Eugenio Espejo

Mientras el Gobierno mantiene el silencio sobre la magnitud real de la escasez, la Federación Médica Ecuatoriana (FME) advierte que el desabastecimiento sigue siendo crítico. Los anuncios oficiales sobre compras internacionales y nuevos mecanismos de distribución aún no se traducen en mejoras dentro de los hospitales.

La realidad en las casas de salud contradice los discursos oficiales. En el Hospital Eugenio Espejo, el más grande de la red pública, la situación es dramática:

  1. Abastecimiento general: Alcanza apenas el 44 %.
  2. Área de Odontología: La disponibilidad de insumos llega a un crítico 9 %.

La falta de medicamentos afecta directamente a pacientes con enfermedades renales, trasplantados y con patologías catastróficas o raras, quienes dependen de fármacos de alta complejidad y alto costo para no perder la vida.

Más de medio año de espera por una cita médica de especialidad

A la agonía de la espera por un diagnóstico se suma el calvario de conseguir tratamiento. Diego Jimbo, fundador de la Fundación de Pacientes con Enfermedades Catastróficas (FUPEC) y coordinador nacional del Observatorio de Enfermedades Catastróficas, denuncia que este desabastecimiento crónico impide que tratamientos cruciales continúen su curso, obligando a suspender quimioterapias o terapias inmunológicas.

Por su parte, el gremio médico cuestiona la falta de información y transparencia sobre las negociaciones que el Gobierno anunció con la India para la adquisición directa de fármacos de Estado a Estado. El pasado 24 de mayo, la ministra de Gobierno, Nataly Morillo, aseguró de forma tajante:

“Por supuesto, será en tres semanas máximo; vamos a tener resultados porque nosotros les cumplimos a los ecuatorianos, a pesar de que esa vieja política siempre quiera oponerse”.

A pesar de que el plazo anunciado por la Ministra ya expiró, el escaso detalle sobre la logística, la trazabilidad y el cumplimiento de las especificaciones técnicas de estos insumos genera profunda preocupación y desconfianza en el sector médico.

Boletines oficiales vs. realidad hospitalaria

Tampoco se conocen los avances de la Empresa Pública de Abastecimiento, Infraestructura y Logística en Salud, creada específicamente para enfrentar esta escasez. Hasta el momento, la única información disponible proviene de boletines de prensa del Ministerio de Salud Pública (MSP).

El más reciente, emitido el 18 de junio, informó sobre la entrega de más de $4,2 millones en medicamentos e insumos para unidades de salud en Manabí; sin embargo, el documento oficial omitió detallar la procedencia de los fármacos o si corresponden al lote prometido desde el exterior.

Ante la inacción estatal y la falta de respuestas concretas, Diego Jimbo enfatizó la necesidad urgente de un frente común para frenar esta problemática:

«Es momento de que autoridades, profesionales de la salud, pacientes, academia y sociedad civil trabajemos unidos para construir soluciones».

“La salud no es un favor político, sino un derecho constitucional que hoy, debido a las esperas de hasta 8 meses y las farmacias vacías, se está cobrando vidas en el Ecuador”, destaca Jimbo.

DATO: La HORA ha hecho solicitudes de vocería al MSP y el IESS sin obtener respuesta.

“Mi tumor no va a esperar ocho meses a que el hospital me dé una cita”

«Empecé con dolores severos a finales del año pasado. En el centro de salud me dijeron que necesitaba un especialista, pero la cita me la agendaron para dentro de casi meses. No pude esperar; mi familia se endeudó para hacerme los exámenes por fuera y el resultado fue cáncer de colon. Ahora que tengo el diagnóstico, regreso al hospital público y me dicen que no hay el combo de quimioterapia completo. Siento que el propio sistema me está empujando a la muerte».
— Elena M. (44 años), paciente oncológica, Quito.

«Cuando por fin supimos que era Atrofia Muscular Espinal (AME), empezó otra pesadilla: la medicina es de alto costo y el hospital no la tiene. Nos hablan de convenios con la India y de millones de dólares en cajas que entregan en otras provincias, pero aquí la realidad es que la enfermedad de mi hijo avanza cada día que pasa sin su tratamiento».
— Carlos J., padre de un menor con una enfermedad rara, Guayaquil.

“Un trasplante es un milagro que el desabastecimiento te arrebata”

«Esperé años por un riñón. Recibirlo fue una segunda oportunidad de vida, pero esa alegría

poco cuando vas a la farmacia del hospital y te dicen que no hay inmunosupresores. Esos medicamentos evitan que mi cuerpo rechace el órgano. «.
— Inés T. (52 años), paciente trasplantada renal, Pichincha.

El impacto psicológico de la espera médica

Los médicos de la Federación Médica Ecuatoriana señalan que estos testimonios se repiten por cientos en los pasillos. La «odisea diagnóstica» no solo destruye el cuerpo del paciente debido al avance de la enfermedad, sino que genera un estado de ansiedad y desespero familiar al ver que los plazos políticos y administrativos del Gobierno no coinciden con los tiempos biológicos de una enfermedad catastrófica.

Fuente: La Hora

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