Crédito directo en Ecuador: cargos ocultos y multas disparan las deudas de las familias

Miles de ecuatorianos acceden a crédito directo en casas comerciales, pero terminan pagando hasta el doble por sus compras debido a seguros, mora y cargos adicionales.
El modelo es sencillo. Una casa comercial vende un producto y financia directamente la compra. En lugar de acudir a un banco, el cliente obtiene el crédito en el mismo almacén mediante tarjetas propias; líneas internas de financiamiento; ventas diferidas; cuotas mensuales; o convenios de pago directos.
La principal ventaja es la rapidez. En muchos casos basta con cédula; referencias personales; comprobante básico de ingresos; o incluso solo validaciones comerciales internas.
Eso explica por qué este tipo de financiamiento creció tan rápido en Ecuador. Llega a personas que muchas veces son rechazadas por la banca formal.
Sin embargo, detrás de la oferta de comprar un bien en “cuotas chiquititas” está un entramado de costos adicionales a través de los cuales se termina pagando, en promedio, entre 68% y 100% más de precio de venta.
Así, por ejemplo, Mercedes A. compró, a través de crédito directo, una refrigeradora, una licuadora, una lavadora y una plancha seca. El precio de todos esos bienes suma $2.362,96.
Sin embargo, la casa comercial le incluye garantías y plan de servicio técnico que aumentan la cuenta en $1.304,35. Además, el plan de pagos, con cuotas de $110,81 por 36 meses, añade $320,85 más al costo total.
En otras palabras, se termina pagando casi 69% más, es decir, $3.989,16.
Andrés Guerra, economista y consultor en crédito de consumo, explicó que, aunque las tasas oficiales están reguladas y el techo del crédito de consumo ronda el 16% o 17% anual efectivo, el costo real puede ser mucho más alto.
“El problema no suele estar únicamente en la tasa nominal, sino en todos los cargos adicionales que se acumulan alrededor del financiamiento. Entre los costos más comunes aparecen seguros obligatorios; membresías; gastos administrativos; emisión de estados de cuenta; recargos por atraso; penalidades por mora; gastos de cobranza; refinanciamientos; y cargos acumulativos”, apuntó.
Por eso muchas personas creen que están pagando una cuota “manejable”, pero terminan pagando mucho más de lo esperado.
El negocio se vuelve incluso más rentable cuando existen atrasos. Parte importante de la rentabilidad del crédito directo proviene justamente de la mora; refinanciamientos; multas; y recargos.
En algunos casos se reportaron penalidades mensuales de hasta $18 por atrasos pequeños.
“La mayoría de los clientes no están conscientes de lo que está comprando, y a qué se están comprometiendo, sino cuando la transacción está hecha y facturada. Hay opacidad detrás de las ofertas de pagar en cómodas cuotas”, acotó Guerra
¿Quién controla a las casas comerciales en Ecuador?
Los bancos y cooperativas están bajo supervisión directa de la Superintendencia de Bancos y del sistema financiero regulado por el Código Monetario.
Pero las casas comerciales no son consideradas entidades financieras, sino compañías comerciales que venden bienes a crédito.
Por eso, en teoría, el control recae en la Superintendencia de Compañías. Esa institución no tiene ni el presupuesto ni la capacidad operativa para fiscalizar lo que hacen más de 6.700 empresas autorizadas para vender a crédito directo en Ecuador.
Durante años eso generó una especie de doble sistema: un crédito bancario altamente regulado; y un crédito comercial mucho más flexible.
Desde 2018 las autoridades comenzaron a endurecer controles sobre el crédito directo
Entre las medidas más importantes estuvieron limitar tarjetas rotativas emitidas por almacenes; acercar techos de interés al crédito de consumo bancario; exigir mayor transparencia; obligar reportes a burós de crédito; y controlar mejor los costos financieros totales.
La resolución SCVS.DSC.16.015 estableció que las casas comerciales no podían cobrar intereses superiores al techo fijado por la Junta de Política y Regulación Financiera para crédito de consumo.
Además, los reguladores empezaron a exigir información más clara sobre tasa efectiva anual; seguros obligatorios; costos adicionales; refinanciamientos; y penalidades.
Sin embargo, Guerra recalcó que solo se ha logrado “un control parcial y fragmentado”. Persisten problemas estructurales como poca fiscalización efectiva; información incompleta; costos ocultos; refinanciamientos agresivos; y débil educación financiera.
Por eso las alertas sobre sobreendeudamiento siguen creciendo.
La propia Superintendencia de Economía Popular y Solidaria advirtió sobre clientes con hasta 12 créditos simultáneos.
No existen datos completos del endeudamiento con casas comerciales en Ecuador
Aunque la normativa obliga a hacerlo, menos del 5% de ciertas empresas comerciales reportaban información activa y sistemática a algunos burós de crédito.
Eso genera una “zona ciega” financiera. En la práctica, una persona puede tener una tarjeta bancaria; un préstamo en cooperativa; un crédito para muebles; otro para celulares; otro para electrodomésticos; y varias compras diferidas.
Pero si parte de esas obligaciones no aparece en los registros, el sistema financiero no logra calcular correctamente el endeudamiento total real del cliente.
Las consecuencias son que se aprueban más créditos de los que la persona puede pagar; aumenta la mora; se deteriora la evaluación de riesgo; y el sobreendeudamiento se vuelve invisible hasta que explota. (JS)
61 de cada 100 préstamos vienen de casas comerciales
Según el Barómetro de Acceso al Crédito elaborado por la Universidad Andina Simón Bolívar y Equifax, el 61% de las operaciones de crédito realizadas en Ecuador provinieron del sector comercial. Es decir, seis de cada diez préstamos otorgados en el país ya no nacen en la banca tradicional.
El cambio es estructural y refleja una transformación profunda del consumo y del acceso al financiamiento en Ecuador.
El monto promedio del crédito directo ronda apenas los $386. Eso significa que la mayoría de estos préstamos no financia patrimonio ni inversiones grandes. Más bien cubre necesidades cotidianas como celulares; electrodomésticos; ropa; útiles escolares; muebles; alimentos; o gastos urgentes del hogar.
En otras palabras, el crédito comercial funciona muchas veces como sustituto de ingresos insuficientes.
Las casas comerciales encontraron un enorme mercado en sectores que necesitan liquidez inmediata.
A diferencia de los bancos, que suelen exigir historial crediticio sólido, estabilidad laboral y mayor capacidad de pago, el crédito directo apuesta por rapidez y requisitos mínimos.
Las casas comerciales asumen más riesgo y aprueban clientes que normalmente serían rechazados por bancos y cooperativas.
Más del 52% de las operaciones de crédito comercial fueron para personas con ingresos menores a $801 mensuales.
¿Qué debe revisar una persona antes de aceptar un crédito directo en Ecuador?
Los especialistas en educación financiera insisten en que el principal error de muchos consumidores es concentrarse únicamente en si “la cuota alcanza” dentro del presupuesto mensual. En el crédito directo, la cuota pequeña suele ser precisamente el gancho comercial que facilita la venta, pero no necesariamente refleja el verdadero costo de la deuda.
Por eso, antes de firmar cualquier crédito directo en una casa comercial, conviene revisar varios elementos clave.
1. El costo total final: cuánto terminará pagando realmente. El primer cálculo que debe hacer una persona no es cuánto pagará al mes, sino cuánto terminará pagando al final del crédito.
Un televisor de $700 puede parecer accesible con cuotas de $35, pero si el financiamiento se extiende durante varios meses, el consumidor podría terminar pagando $1.100, $1.300 o incluso más entre intereses y cargos adicionales.
Ese es uno de los principales problemas del crédito retail: el precio “a cuotas” muchas veces oculta el valor real final de la compra.
Por eso los expertos recomiendan preguntar siempre:
- ¿Cuánto cuesta el producto al contado?
- ¿Cuánto costará exactamente financiado?
- ¿Cuál es la diferencia total?
- ¿Cuánto terminaré pagando si cumplo todas las cuotas?
La diferencia entre el precio original y el valor financiado muestra el verdadero costo del crédito.
2. La tasa efectiva anual: el indicador más importante. Muchas ofertas comerciales destacan únicamente la cuota mensual o una tasa “promocional”, pero la cifra realmente importante es la tasa efectiva anual.
La tasa efectiva anual incorpora intereses; frecuencia de pagos; capitalización; y parte de los costos financieros del crédito.
Es el indicador que permite comparar realmente dos financiamientos distintos.
Por ejemplo, dos créditos con la misma cuota mensual pueden tener costos completamente diferentes dependiendo del plazo, intereses acumulados y cargos incluidos.
Los especialistas recomiendan desconfiar de frases como “cuotas bajas”; “aprobación inmediata”; “sin entrada”; o “pago mínimo”. Nada de eso explica cuánto cuesta realmente la deuda.
3.Los cargos ocultos: donde muchas veces se encarece el crédito. Uno de los mayores cuestionamientos al crédito directo en Ecuador es que el costo real no siempre está únicamente en la tasa nominal publicada.
Muchos contratos incorporan cargos adicionales que terminan elevando significativamente el costo total.
Entre los más comunes aparecen seguros obligatorios; membresías; gastos administrativos; emisión de estados de cuenta; costos de cobranza; mantenimiento de tarjeta; cargos por gestión; y servicios adicionales.
En algunos casos, un crédito aparentemente “barato” termina siendo mucho más caro justamente por estos costos adicionales.
4.Las penalidades por atraso: el punto donde la deuda puede dispararse. El verdadero riesgo financiero suele aparecer cuando una persona deja de pagar una cuota a tiempo.
En el crédito retail, los atrasos pueden activar intereses de mora; multas fijas; recargos acumulativos; gastos de cobranza; y refinanciamientos automáticos.
Por ejemplo, una deuda pequeña puede empezar a crecer rápidamente si cada atraso incorpora nuevos intereses; multas; y costos administrativos adicionales.
5.Las condiciones de refinanciamiento: la deuda que nunca termina. Otro elemento crítico es entender qué ocurre si la persona ya no puede pagar normalmente.
En muchos casos, las casas comerciales ofrecen refinanciamientos o reestructuraciones para evitar que el cliente deje de pagar completamente.
El problema es que refinanciar no significa reducir la deuda. Muchas veces implica: extender el plazo; pagar nuevos intereses; acumular mora anterior; y empezar nuevamente un ciclo de cuotas.
Ahí aparece uno de los riesgos más complejos del crédito de consumo: personas que pasan años pagando productos que originalmente costaban mucho menos.
Por eso conviene preguntar ¿Qué pasa si no puedo pagar?; ¿Cómo funciona el refinanciamiento?; ¿Cuánto aumentará la deuda?; ¿Cuántos años adicionales implicará?
Fuente: La Hora



