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Toque de queda en Quito genera dudas por eficacia e impacto

Expertos, autoridades y sectores productivos advierten que el toque de queda en Quito tendrá efectos limitados en seguridad y graves impactos económicos.

A seis días de la entrada en vigencia del toque de queda en Quito, previsto del 3 al 18 de mayo, el rechazo no solo crece en la ciudadanía, sino también en sectores académicos, productivos y políticos que coinciden en que la medida llega sin evidencia clara de efectividad y efectos colaterales.

Lejos de ser una solución estructural a la inseguridad, ciudadanos advierten que se trata de una respuesta improvisada, con tintes políticos y con consecuencias económicas que profundizarán la crisis en la capital.

“No resuelve nada”: crítica frontal desde la academia

Para Luis Córdoba, investigador del Observatorio Ecuatoriano de Conflictos de la Universidad Central del Ecuador, el toque de queda es ineficaz. “Es una medida inoficiosa. Parte de la idea simplista de que controlando la movilidad se controla el delito, cuando en realidad las economías ilícitas responden a dinámicas mucho más complejas”.

Córdoba, incluso, advierte un posible uso político de la medida: contener la protesta social en un contexto de creciente malestar ciudadano.

“Se implementa justo cuando se acercan movilizaciones importantes. No es casualidad. Esto funciona también como un mecanismo de disuasión y control social”, afirma.

Añade que el Gobierno insiste en una estrategia que ya ha demostrado resultados limitados en otras ciudades. “No ha cambiado la realidad en otros territorios. Lo que sí hace es construir una narrativa de acción, una especie de simulacro de política pública”.

Golpe directo a la economía: pérdidas y empleo en riesgo

Los sectores turístico, gastronómico y de entretenimiento advierten pérdidas significativas en uno de los meses más importantes del año.

Cristina Mora, presidenta de la Asociación de Restaurantes de Pichincha (Agrepi), califica la medida como un golpe directo al sector. “El problema no es solo el horario. Es el miedo que genera. Desde las 18:00 la gente deja de salir. Todo se cae”, explica.

Se estima una reducción de hasta el 40% en ingresos durante el periodo de toque de queda. Pero el efecto más crítico está en el empleo: entre 100.000 y 150.000 plazas de trabajo podrían afectarse. “Son empleos temporales, gente que vive del día a día. Este tipo de decisiones los deja sin nada”, advierte Mora.

La medida coincide con fechas clave como el Día de la Madre; eventos sociales como bautizos y primeras comuniones; y un feriado, lo que agrava aún más el impacto.

Sin diálogo ni estrategia: el vacío institucional

En lo político, la crítica apunta a un problema de fondo: la falta de coordinación entre el Gobierno nacional y el Municipio de Quito.

El concejal Wilson Merino señala que la ciudad enfrenta una crisis de inseguridad real, pero sin una respuesta articulada.

“No hay información clara, no hay diagnóstico compartido, no hay diálogo. Así es imposible que una medida funcione”, afirma.

Merino advierte que esta improvisación genera efectos colaterales incluso en servicios básicos. “No se sabe con certeza cómo operarán servicios esenciales como la recolección de basura. Eso refleja el nivel de desorganización”, añade.

Para el concejal, el problema no es solo la medida en sí, sino la ausencia de una estrategia integral.

Efecto rebote: el crimen se adapta

Otro cuestionamiento apunta a la efectividad real del toque de queda. Para el concejal Andrés Campaña, la medida puede generar una reducción momentánea de delitos, pero no sostenida.

“El crimen organizado no desaparece, se adapta. Cambia horarios, modifica sus dinámicas y el efecto positivo dura lo que dura la restricción”, explica. Esto significa que, tras el levantamiento del toque de queda, los niveles de inseguridad pueden volver, o incluso empeorar.

Campaña insiste en que sin políticas de largo plazo, la medida es apenas un paliativo. Entre las alternativas, propone la “semaforización” de la ciudad, aplicando restricciones según niveles reales de riesgo.

“No tiene sentido aplicar la misma medida a toda la ciudad cuando hay diferencias claras entre sectores”, señala.

También alerta sobre un problema estructural: el déficit de policías. Quito tendría cerca de 1,8 agentes por cada mil habitantes, cuando el estándar debería ser al menos 2,8.

Falta de enfoque técnico

Rocío Bastidas, integrante del Cabildo Cívico de Quito, advierte que el toque de queda, tal como está planteado, evidencia una preocupante falta de análisis técnico y conocimiento del territorio.

“El problema del toque de queda en Quito va a tener impacto lógicamente en algunos sectores, sobre todo en los negocios nocturnos, de recreación y también en el transporte, que ya de por sí no es lo suficientemente adecuado”, señala.

A esto se suma la afectación en áreas sensibles como la atención de emergencias, que podrían verse limitadas por las restricciones de movilidad.

Pero su crítica central apunta a la ausencia de criterios técnicos para la toma de decisiones. “El Gobierno no tiene suficiente información técnica, científica o académica para sectorizar correctamente los lugares donde realmente hay problemas de seguridad”.

Bastidas añade que sí existen insumos para tomar decisiones más precisas, como mapas de riesgo y patrones delictivos ya identificados. “Hay zonas donde los delitos son recurrentes, donde los asesinatos y asaltos están focalizados. Esa información existe y debería usarse para actuar de forma focalizada”.

En lugar de eso, cuestiona que se aplique una medida generalizada a toda la ciudad, ignorando que Quito tiene realidades muy distintas según el sector. “Hay lugares pacíficos y otros con altos niveles de violencia. No se puede tratar todo igual”, insiste.

Finalmente, lanza un cuestionamiento directo a la gestión estatal: “Da la impresión de que hay pereza para sentarse a analizar con detalle. Se podrían tomar decisiones mucho más racionales, aplicando toques de queda solo en zonas donde realmente se justifican, con base en información que incluso la propia Policía ya maneja”. (EC)

Fuente: La Hora

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