Fojas Cero: una propuesta para destrabar el paro con diálogo, mérito y libertad

Mientras el país se paraliza y las pérdidas superan los $70 millones, el economista Roberto Salazar Córdova plantea un giro de fondo: dejar de negociar parches y comenzar de nuevo, desde cero. Su propuesta, llamada “Fojas Cero”, busca transformar el conflicto en oportunidad con un Decreto Ejecutivo que dé autonomía real a los pueblos y nacionalidades, fomente la inversión sostenible y devuelva al diálogo su sentido práctico: construir juntos, con mérito, libertad y responsabilidad.
El país acumula más de $70 millones en pérdidas tras varios días de paralización. Las flores de Cayambe se marchitan sin poder ser exportadas, los camiones del Carchi y de Imbabura esperan varados, y la vida cotidiana de miles de familias se suspende entre la incertidumbre y la frustración. Pero Roberto Salazar Córdova, exviceministro de Economía y CEO de Hexagon Group LATAM/UK-GLOBAL , sostiene que este paro no es solo una crisis: es una oportunidad de repensar el país “desde cero”.
“En política fiscal —dice— cuando la estructura está colapsada, hay que hacer un Base Cero. En la política nacional, cuando el diálogo se agota, también necesitamos un Fojas Cero”. Con esa idea propone un documento que no pretende apagar incendios ni repartir culpas, sino reconstruir la relación entre el Estado y las nacionalidades desde una nueva base: el mérito.
Su planteamiento se resume en una frase provocadora: “Sin mérito territorial, la plurinacionalidad es solo un eslogan”. Y explica: “La descentralización sin mérito produce clientelismo; con mérito, en cambio, habilita libertad y desarrollo”.
La propuesta parte de un principio sencillo, pero radical: las comunidades y nacionalidades no deben ser beneficiarias de políticas públicas, sino socias activas del desarrollo. Para eso, Salazar plantea un Decreto Ejecutivo que habilite la ejecución autónoma de proyectos sostenibles —ambientales, agrícolas o educativos— siempre que estos cuenten con certificación internacional de mitigación climática y estén impulsados en alianza con inversionistas extranjeros formales, bajo normas de la OCDE.
“Ya no se trata de pedir que el Estado pague más, sino de permitir que el territorio produzca mejor”
Así, un pueblo kichwa del norte de Imbabura o una comunidad andina de Cotopaxi podría, por ejemplo, asociarse con un fondo europeo para ejecutar un programa de reforestación, compensación de carbono o agricultura limpia, sin depender del presupuesto central ni del subsidio al diésel o la gasolina. Los recursos llegarían directamente a la comunidad mediante una figura de coejecución con socios internacionales, auditados bajo estándares globales.
“Ya no se trata de pedir que el Estado pague más, sino de permitir que el territorio produzca mejor”, dice Salazar. “La autonomía se construye con responsabilidad, no con discursos.”
El decreto que propone incluso detalla el marco institucional de esta nueva gobernanza. Se conformaría una Mesa Hexagonal —de ahí su relación con Hexagon Group— integrada por los pueblos y nacionalidades, ministerios competentes, socios privados, academia, redes profesionales y aliados internacionales. Este espacio sería el encargado de verificar el cumplimiento del decreto, garantizar la transparencia y replicar el modelo en otras regiones del país.
El espíritu de esta “mesa hexagonal” es pasar del diálogo retórico al diálogo operativo, donde cada parte tenga voz, responsabilidades y beneficios. “No más mesas que terminan en fotos; esta vez, las mesas deben producir resultados medibles: empleo, inversión, agua, educación, nutrición”, señala Salazar.
Vida, propiedad y libertad son los pilares de una sociedad que crece y se desarrolla
Para sustentar su propuesta, Salazar va más allá del contexto coyuntural y recurre a la filosofía política clásica. Cita a John Locke, David Hume y Adam Smith, recordando que la vida, la propiedad y la libertad son los tres pilares de un orden civil legítimo. “La vida sin propiedad es frágil; la vida con propiedad sin libertad es incompleta; solo cuando las tres se garantizan juntas, bajo mérito comprobado, se logra estabilidad”, explica.
Con base en esa triada, plantea un sistema de evaluación llamado Índice de Plurinacionalidad Funcional (IPF-20), que mide la calidad institucional, fiscal y social de cada territorio. En palabras simples, se trata de medir cuán preparada está una comunidad para autogestionarse y rendir cuentas.
Un territorio con bajo puntaje —entre 0 y 10 sobre 20— apenas asegura la subsistencia, “asegura solo la vida”. Uno de nivel medio (11 a 15) garantiza vida y propiedad, pero aún no tiene libertad plena. Y solo quienes alcanzan un IPF alto (16 a 20) logran la combinación ideal: vida, propiedad y libertad. “La plurinacionalidad —insiste— no puede quedarse en la Constitución. Tiene que convertirse en una práctica funcional y productiva.”
Los ejemplos comparados son reveladores. En países donde la descentralización se acompaña de mérito —como Suiza, Canadá, Australia o Nueva Zelanda—, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ronda el 0,95. En cambio, donde las autonomías son meramente simbólicas o clientelares, los índices caen por debajo de 0,80. “La evidencia es contundente: cuando la autonomía se gestiona con mérito, la vida mejora. Cuando se reparte sin responsabilidad, se degrada”, resume Salazar.
No mantener subsidios ni entregar bonos, sino habilitar libertad
Más allá del análisis teórico, la propuesta tiene un propósito político claro: desbloquear el conflicto actual y convertir la protesta en corresponsabilidad. “Este decreto —dice— no repone subsidios ni entrega bonos, pero habilita libertad. Permite que quienes hoy protestan puedan mañana ser ejecutores de proyectos con impacto real.”
Su lógica es pragmática: en lugar de gastar millones en subsidios ineficientes, el Estado podría facilitar que las nacionalidades accedan directamente a fondos internacionales de carbono, cooperación o inversión sostenible. Así, el país no solo saldría del paro, sino que daría un paso hacia un modelo de desarrollo descentralizado, sostenible y económicamente viable.
En ese sentido, “Fojas Cero” busca ser más que un documento técnico: es un manifiesto por una nueva arquitectura nacional. “Ya no basta con dialogar —advierte—, hay que acordar contenidos nacionales de nuevo cuño, sustentados en la Dolarización, la Democracia, el Diálogo y la Descentralización. Solo así tendremos un país moderno, en 4D.”
La propuesta también rescata una enseñanza del pasado: la dolarización de 2000, que nació de una crisis similar y fue implementada por decreto. “Hace 25 años se adoptó una medida estructural que cambió la historia del país. Hoy podríamos hacer algo similar: decretar una nueva etapa de descentralización meritocrática, nacida del diálogo”, afirma.
A la pregunta de si es realista esperar que una medida así pueda resolver el conflicto, Salazar responde con una metáfora: “Cuando el motor está ahogado, no sirve seguir acelerando. Hay que apagarlo, revisar y volver a encender. Eso es Fojas Cero: volver a pensar, volver a dialogar, volver a construir.”
“Ecuador necesita volver a creer en el mérito y en el diálogo —concluye Salazar—. No se trata de quién gana o quién pierde en un paro. Se trata de que todos podamos volver a avanzar.”. (JS)
Fuente. La Horas





