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La economía no despega: lo que más preocupa hoy a las familias y empresas en Ecuador

El consumo se mueve con cautela y la inversión avanza lentamente; los hogares temen por el empleo y los precios, mientras las empresas frenan decisiones por inseguridad, crédito y reglas inciertas.

La percepción de que la economía ecuatoriana sigue sin despegar aparece tanto en los hogares como en las empresas. Los consumidores siguen comprando, aunque con cuidado. Los negocios continúan operando, pero evitan asumir riesgos grandes.

Los dos termómetros más utilizados para medir ese ánimo son el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) y el Índice de Expectativas Empresariales (IEE), que son elaborados por el Banco Central del Ecuador (BCE). No miden producción ni crecimiento, sino algo igual de importante: cómo se siente la gente frente al presente y qué espera del futuro. Y ambos cuentan una historia similar: prudencia, incertidumbre y esperanza moderada.

Confianza del consumidor en Ecuador sigue baja: las familias prefieren gastar con cautela

El ICC de mayo de 2026 se ubicó en 36,40 puntos, un nivel considerado moderado-bajo. Eso significa que la mayoría de las familias no siente una mejora clara en su situación económica, aunque tampoco percibe un deterioro abrupto. Predomina una sensación de estabilidad contenida.

Cuando se pregunta a los hogares cómo está su economía frente al mes anterior, la respuesta más común es: “igual”. Y cuando pregunta cómo creen que estarán en tres meses, vuelve a imponerse la idea de continuidad. Hay quienes esperan mejorar, pero son menos; quienes anticipan empeorar también existen, aunque tampoco dominan el panorama.

“Esa actitud se refleja en el consumo. Las familias priorizan los gastos esenciales, postergan compras importantes y son más cuidadosas con el dinero. En otras palabras, el consumo no se ha desplomado, pero tampoco está impulsando con fuerza a la economía”, explicó Andrés Rodríguez Verdesoto, economista.

Además, como ya analizó LA HORA, el miedo a perder el empleo, o a quedarse sin la fuente de ingresos, es una constante dentro de un mercado laboral ecuatoriano que es inestable y mayoritariamente de trabajadores independientes.

En el campo hay más optimismo económico que en las ciudades de Ecuador, ¿por qué?

Uno de los datos más llamativos es que el área rural muestra mayor confianza que el área urbana. Mientras las ciudades registran un ICC de 36,07 puntos, el campo alcanza 37,22. La diferencia parece pequeña, pero revela algo importante: los hogares urbanos están más expuestos a los vaivenes del empleo formal, los precios y la actividad económica.

En las ciudades, las noticias sobre empleo, combustibles, inflación o desaceleración económica impactan más rápidamente en las expectativas. En el sector rural, en cambio, ciertos ingresos agrícolas y una menor dependencia del mercado laboral formal generan una sensación relativamente mayor de resiliencia.

Empresas en Ecuador mantienen la cautela: invierten solo lo necesario ante la incertidumbre

Del otro lado de la economía están las empresas, y su diagnóstico tampoco es de euforia.

El IEE muestra un clima de expectativas moderadas y frágiles. Las compañías perciben que la economía ecuatoriana avanza lentamente y que cualquier mejora depende de factores que no controlan: precios internacionales, liquidez, entorno político o cambios regulatorios. La palabra que mejor resume su actitud es cautela.

Muchas empresas siguen produciendo, vendiendo y manteniendo operaciones, pero prefieren invertir lo mínimo necesario, ampliar capacidad solo cuando es indispensable y evitar compromisos de largo plazo. Es una economía donde los negocios funcionan, pero donde pocos quieren hacer apuestas agresivas.

Inseguridad, crédito y bajo consumo: los problemas que más preocupan a las empresas en Ecuador

Cuando se pregunta a empresarios de distintos sectores qué les inquieta, aparecen cinco temas recurrentes.

El primero es la inestabilidad política y regulatoria. Cambios repentinos en normas tributarias, laborales o administrativas dificultan planificar inversiones y proyectos a mediano plazo.

El segundo son los costos de producción. Aunque Ecuador mantiene una inflación relativamente baja frente a otros países de la región, las empresas sienten presión por insumos importados, transporte, logística y otros costos que no siempre pueden trasladar al consumidor sin perder ventas.

El tercer gran tema es el crédito. Tasas de interés elevadas, requisitos estrictos y financiamiento limitado para pequeñas y medianas empresas reducen la capacidad de expandirse.

El cuarto es la seguridad. La inseguridad dejó de ser solo un problema social y pasó a convertirse en un costo económico: más gasto en vigilancia, seguros, transporte y protección de operaciones.

Y el quinto es la debilidad del consumo interno. Si los hogares compran con cautela, los comercios venden con cautela; y si venden con cautela, también contratan e invierten con cautela.

Comercio y construcción siguen rezagados entre los sectores con menor confianza en Ecuador

La confianza empresarial cambia según la actividad.

Los agroexportadores, algunos servicios profesionales y ciertas industrias muestran el mayor optimismo relativo, apoyados sobre todo en la demanda externa.

La manufactura y el sector financiero mantienen una confianza intermedia: operan con cierta estabilidad, pero vigilan de cerca costos, liquidez y morosidad.

En cambio, comercio y construcción son los sectores con expectativas más débiles. El comercio depende directamente del bolsillo de los hogares, mientras que la construcción sigue condicionada por la inversión privada y el ciclo fiscal del Estado.

¿Por qué la economía no acelera en Ecuador? Hogares y empresas aún actúan con cautela

Lo más interesante es que ambos indicadores terminan reflejándose entre sí. Los hogares dicen: “No estamos gastando más porque no sentimos que la economía mejore”.

Las empresas responden: “No invertimos más porque el consumo sigue débil y el entorno es incierto”.

“Ese círculo explica por qué Ecuador puede mostrar estabilidad macroeconómica sin generar una sensación amplia de prosperidad. No hay un colapso de confianza, pero tampoco un motor claro que acelere el crecimiento. Los consumidores esperan un futuro ligeramente mejor que el presente, y las empresas ven mejoras puntuales, aunque no sostenidas. Ambos mantienen una dosis de esperanza, pero administrada con prudencia”, recalcó Rodríguez Verdesoto. (JS)

Fuente: La HORA

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