Ecuador: crear empresas es una necesidad nacional para que el empleo crezca

Aunque Ecuador logró ordenar sus cuentas públicas, la economía sigue estancada, con alta informalidad y una pobreza que no cambia estructuralmente.
Ecuador es, en esencia, un país donde la mayoría trabaja, pero pocos generan empleo. Esa es una de las claves más reveladoras para entender por qué la economía crece poco y por qué la pobreza no logra transformarse.
Según el más reciente informe del Banco Mundial (abril de 2026), entre el 55% y el 60% del empleo es informal. Es decir, más de la mitad de los trabajadores está fuera de esquemas formales, con baja productividad y sin estabilidad.
Pero el dato más contundente está en la estructura misma del trabajo: solo el 4,5% de las personas pobres son empleadores, mientras que el 31,5% trabaja por cuenta propia, el 42,5% es asalariado y el 21,5% restante está desempleado o en trabajo no remunerado. En otras palabras, hay trabajadores, pero casi no hay empresas.
“Este desequilibrio tiene efectos profundos. La mayoría de los ocupados depende de actividades de subsistencia o de baja escala, sin capacidad de crecer, invertir o innovar. El resultado es un tejido empresarial débil, con escasa generación de valor agregado y pocas oportunidades de empleo formal”, apuntó Andrés Rodríguez, economista.
En paralelo, el 83,4% de los pobres está en la informalidad, frente a apenas un 16,6% con empleo formal, lo que evidencia una economía que no logra generar oportunidades sostenibles.
Crecer poco: el reflejo de una economía sin base empresarial en Ecuador
Esta estructura laboral explica, en buena medida, el bajo crecimiento económico del país.
Ecuador pasó de crecer 5,9% en 2022 a 2,0% en 2023, para luego caer a -2,0% en 2024. Aunque la recuperación fue del 3,7% en 2025, el crecimiento se estabilizaría en apenas 2,5% en 2026 y 2027.
Se trata, según el Banco Mundial, de un nivel insuficiente para transformar la economía.
Además, este desempeño ocurre en un contexto de incertidumbre económica y condiciones financieras globales más restrictivas, que limitan la inversión privada. Y sin inversión, no hay expansión empresarial ni generación de empleo de calidad.
Para el Banco Mundial, aunque el país ha logrado una consolidación fiscal sostenida, con mejoras en ingresos, ajustes en subsidios y reducción del riesgo país, el desafío sigue siendo el mismo: atraer inversión privada y fortalecer los ingresos no petroleros.
En la práctica, Ecuador ha logrado cierta estabilidad, pero no crecimiento sostenido.
Pobreza que baja, pero no se transforma en Ecuador
La debilidad del tejido empresarial también explica por qué la reducción de la pobreza ha sido limitada y frágil.
El Banco Mundial evalúa a Ecuador bajo la línea de pobreza de $8,30 diarios (PPA 2021) y advierte que, en la última década, la reducción ha perdido fuerza: entre 2013 y 2024 cayó apenas 9,7 puntos porcentuales.
Pero el dato más crítico es su composición: solo un tercio de esa reducción ha sido estructural, mientras que cerca del 45% responde a factores cíclicos o temporales.
Esto significa que muchos hogares salen de la pobreza en fases de crecimiento, pero vuelven a caer cuando la economía se desacelera.
El perfil de la población pobre refuerza este diagnóstico: el 59,6% tiene bajo nivel educativo, lo que limita su acceso a empleos de mayor productividad, mientras que apenas el 40,4% alcanza educación media o superior.
Además, la pobreza sigue concentrada en la población joven: el 36% corresponde a niños y adolescentes, y el 58,5% a personas en edad productiva.
“Ecuador necesita transformar su economía, mediante cambios laborales, en los incentivos para invertir, e incluso en su modelo educativo. Se debe impulsar los sectores que el mismo Banco Mundial ha determinado como claves para el país: agricultura, minería y turismo. Ecuador debe pasar del ajuste fiscal al crecimiento económico si quiere menos pobreza y más empleo formal”, concluyó Carla Romero, economista y docente.
Sin política industrial, Ecuador no va a despegar
América Latina y Ecuador enfrentan un nuevo ciclo de bajo crecimiento. En su más reciente informe, el Banco Mundial proyecta que la región crecerá apenas 2,1% en 2026, por debajo del 2,5% estimado para 2025, a pesar de un entorno externo relativamente favorable, con condiciones financieras más laxas y precios de materias primas aún altos.
El diagnóstico va más allá de las cifras coyunturales y apunta a un problema estructural: la región, y Ecuador en particular, no ha logrado construir una estrategia de desarrollo productivo consistente. Se ha oscilado entre dos modelos sin consolidar ninguno. Durante la etapa de sustitución de importaciones, las industrias sobrevivieron bajo protección permanente, sin alcanzar competitividad. Luego, con la apertura económica de los últimos años, muchas de esas empresas desaparecieron, pero sin que surgieran nuevas industrias capaces de aprovechar los mercados globales.
El resultado es una estructura productiva débil, donde los casos exitosos han sido excepcionales y no la regla.
El contraste con Asia es contundente. Mientras economías del este asiático combinaron apertura a la inversión privada con empresas estatales eficientes, además de inversión sostenida en infraestructura y educación, Ecuador no ha logrado articular una relación efectiva entre Estado y sector privado.
Frente a este escenario, el Banco Mundial plantea que se necesita avanzar hacia una política industrial dentro de economías abiertas, basada en colaboración público-privada y con salvaguardas para evitar la captura por grupos de interés.
La urgencia es mayor en un contexto global cambiante. El giro de Estados Unidos hacia una política más proteccionista, con incentivos para relocalizar industrias y aranceles incluso a productos procesados como el atún en conserva, redefine las reglas del comercio internacional y reduce el espacio para estrategias pasivas.
En este contexto regional, Ecuador muestra un desempeño moderado: el Banco Mundial estima un crecimiento de 2,5% en 2026, ubicándolo entre las economías de mayor expansión en América Latina, aunque aún dentro de un rango bajo. Este crecimiento está impulsado principalmente por el sector exportador privado, como banano, cacao, flores, metales, camarón y conservas de atún, incluso bajo condiciones adversas.
Sin embargo, el país también refleja las limitaciones estructurales de la región: dependencia de pocos sectores, debilidad industrial y falta de motores diversificados de crecimiento.
El mensaje de fondo es claro: con tasas de crecimiento en torno al 2%, sin transformación productiva y sin una política industrial efectiva, Ecuador seguirá atrapado en un patrón de bajo dinamismo, incluso cuando el contexto internacional juega a su favor. (JS)
Fuente: La Hora



