Posible cancelación de las Fiestas de Quito genera debate sobre impacto en la identidad cultural

Analistas advierten que la suspensión de las Fiestas de Quito tendría efectos en la vida cultural de la ciudad y cuestionan la gestión municipal. Mientras tanto, el Gobierno Nacional sostiene que las celebraciones sí se realizarán, en medio de un debate sobre financiamiento, organización y el rol del sector privado.
La posible cancelación de las Fiestas de Quito, anunciada por el secretario de Cultura del Municipio, Jorge Cisneros, el 26 de marzo de 2026 a LA HORA, abrió un debate que va más allá de la organización de eventos y se centra en las consecuencias para la ciudad y sus habitantes.
Sin embargo, desde el Gobierno Nacional se ha planteado una postura distinta. La viceministra de Cultura, Romina Muñoz, señaló a LA HORA que Quito sí tendrá su fiesta, lo que evidencia las diferencias entre niveles de gobierno sobre el futuro de esta tradición capitalina.
En medio de estas posiciones, surge la interrogante sobre el impacto que tendría una eventual cancelación para la ciudadanía y para las prácticas culturales ligadas a la quiteñidad, así como el rol que podría asumir el sector privado en la continuidad de las festividades.
Una decisión que impacta en Quito
Para la analista Sara Serrano, el debate debe centrarse en las consecuencias que este tipo de anuncios tiene sobre Quito y sus habitantes.
“Es la ciudad la que se ve afectada”, señaló, al referirse a la posibilidad de suspender las fiestas. A su criterio, las celebraciones forman parte de un proceso histórico y cultural que está arraigado en la ciudadanía y que no puede entenderse únicamente como un conjunto de eventos.
Serrano explicó que las Fiestas de Quito tienen un valor que trasciende lo festivo, ya que están vinculadas a la memoria colectiva y a la forma en que los quiteños se relacionan con su ciudad. En ese sentido, advirtió que plantear su cancelación puede interpretarse como una desconexión con ese significado.
Entre los ejemplos, mencionó el estado en el que se encuentran espacios en el Centro Histórico y de infraestructura pública, lo que, a su criterio, evidencia desafíos en la administración de la ciudad.
Críticas al manejo cultural y patrimonial
Serrano también señaló que el debate se produce en medio de cuestionamientos sobre el manejo de la cultura y el patrimonio.
Indicó que existen deudas con actores culturales, así como problemas en la conservación de espacios emblemáticos, lo que añade tensión al análisis sobre las fiestas.
En ese contexto, calificó como “irresponsable” que se plantee la cancelación como respuesta a pedidos de mayor transparencia o racionalización del gasto.
A su criterio, las celebraciones no deberían verse como un gasto prescindible, sino como parte de la dinámica cultural de la ciudad.
Frente a este escenario, Serrano planteó que las celebraciones podrían sostenerse desde la organización ciudadana y el apoyo del sector privado, exponiendo que las fiestas no dependen exclusivamente de la decisión de una autoridad.
Indicó que barrios, colectivos y organizaciones pueden impulsar actividades que mantengan viva la tradición, resaltando el valor cultural de la ciudad más allá de la programación oficial.
Un llamado a cambiar el modelo de gestión
Por su parte, Diego Vivero, director ejecutivo de la Confederación de Restaurantes del Ecuador (Corec), planteó que el contexto actual también evidencia la necesidad de replantear la forma en que se organizan las fiestas.
Señaló que los gobiernos locales han estado acostumbrados a financiar eventos de manera directa, lo que en algunos casos derivó en actividades sin planificación estratégica o con poca convocatoria.
Según explicó, este escenario podría obligar a una transición hacia un modelo basado en la gestión y la articulación con el sector privado.
“Los funcionarios deberían enfocarse más en buscar financiamiento y alianzas que en contratar eventos”, dijo.
El rol del sector privado
Vivero sostuvo que la participación de la empresa privada puede ser clave para garantizar la sostenibilidad de las celebraciones.
Explicó que existen precedentes de eventos que se desarrollaron con financiamiento privado y lograron alta convocatoria, recordando que antes las fiestas estaban dominadas por el sector privado, mencionando la feria Jesús del Gran Poder y los toros, como referencia.
En ese sentido, consideró que el Municipio debería asumir un rol más orientado a facilitar condiciones y generar alianzas, en lugar de concentrarse únicamente en la ejecución directa.
Además, mencionó la necesidad de revisar regulaciones sobre el uso del espacio público para facilitar la organización de actividades.
El origen de la controversia
La discusión surge tras las declaraciones del secretario de Cultura del Municipio, Jorge Cisneros, quien advirtió que, de mantenerse la reforma al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (Cootad), la agenda, “hasta el momento, está cancelada”.
Según explicó, los cambios propuestos afectarían la organización de espectáculos públicos y el uso de recursos municipales, lo que complicaría la planificación anticipada de eventos masivos.
Cisneros indicó que las Fiestas de Quito requieren procesos complejos de contratación, coordinación interinstitucional y asignación de presupuesto, por lo que cualquier restricción podría derivar en dificultades para su ejecución.
Desde el Gobierno Nacional, en cambio, se ha señalado que las fiestas sí deberían realizarse. La Viceministra de Cultura explicó que los cambios responden a una reorganización administrativa y no a la eliminación de recursos para el sector. (EC)
Fuente: La Hora



