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Ley de Minería y Energía: la apuesta para destrabar más de $3.000 millones en inversiones y evitar otra crisis eléctrica

El proyecto que se vota en segundo debate este 26 de febrero de 2026 busca acelerar la inversión en petróleo, minería y electricidad en Ecuador, mientras hay producción y proyectos paralizados por trabas regulatorias.

La discusión sobre la Ley para el fortalecimiento de los sectores estratégicos llega después de apagonescaída de producción petrolera, proyectos mineros empantanados y una sensación de que el país tiene recursos, pero no logra convertirlos en desarrollo.

El informe para segundo debate del proyecto de ley propuesto por el Gobierno de Daniel Noboa está listo y la votación definitiva se realizará en el Pleno de la Asamblea este 26 de febrero de 2025.

La propuesta del Ejecutivo plantea ampliar la participación privada, agilizar permisos, dar estabilidad contractual y priorizar proyectos estratégicos. La tesis es que sin capital y sin reglas más ágiles, el Estado no puede sostener por sí solo el peso del petróleo, la minería y la electricidad.

Este diagnóstico encuentra eco en el sector empresarial. Roberto Aspiazu, presidente ejecutivo de la Cámara de Energía del Ecuador, ha señalado uno de los problemas de fondo. “El modelo de desarrollo heredado de la Constitución de Montecristi, que establece la excepcionalidad de la participación del sector privado en las actividades relacionadas a sectores estratégicos, se convierte en una limitante”.

Esa “excepcionalidad”, es decir, que la participación privada no sea la regla sino la excepción, es justamente lo que la ley intenta flexibilizar.

¿Qué trae exactamente la ley de fortalecimiento de los sectores estratégicos en Ecuador ? Las claves del proyecto

Licencias ambientales: dos o tres años que cuestan millones. Uno de los puntos más sensibles del proyecto es la reforma a los procesos de licenciamiento ambiental. El informe insiste en que no se eliminan controles, pero sí se busca reducir tiempos y duplicidades.

Aspiazu aporta un dato que ilustra el tamaño del problema. “En el caso de la industria petrolera, frecuentemente los licenciamientos están tomando dos y hasta 3 años”, acotó durante un conversatorio con la Cámara de Minería del Ecuador.

El efecto no es menor. Según relató, un informe del Viceministerio de Hidrocarburos señalaba que, solo por demoras en licenciamiento, había “cerca de $1.000 millones de represamiento de proyectos que representan 120.000 barriles por día adicionales que podrían incorporarse a la producción”.

En otras palabras: producción que no sale del subsuelo, divisas que no ingresan y recursos fiscales que no se recaudan.

Aspiazu compara con otros países donde la licencia ambiental se tramita entre 90 a 120 días. La reforma busca justamente acortar esos plazos sin suprimir la evaluación ambiental. El desafío será demostrar que rapidez no significa menor rigurosidad.

En el caso de la minería, Alberto Acosta Burneo, economista y editor de Análisis Semanal, ha calculado que potencialmente, solo entre 2026 y 2027, la Inversión Extranjera Directa minera podría alcanzar $1.519 millones y $1.871 millones, respectivamente, muy por encima del promedio histórico de $351 millones anuales sin minería.

En concreto, el Gobierno plantea que se establezcan plazos definidos para que la autoridad ambiental emita pronunciamientos.

Si la entidad no responde dentro del tiempo establecido, se activa el silencio administrativo positivo, es decir, se entiende que el trámite avanza sin que el proyecto quede paralizado indefinidamente
Antes los procesos podían extenderse sin límite claro. Con la reforma, la falta de respuesta ya no puede frenar el proyecto de forma indefinida.

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