De la religión a la tecnología: por qué la inmortalidad empieza a discutirse en serio

Las declaraciones de Elon Musk en Davos, los avances científicos y una discusión que cruza privilegio, desigualdad y tiempo vuelven a poner en escena una pregunta incómoda: quiénes podrán vivir más y en qué condiciones
“Who wants to live forever…”, canta Freddie Mercury. Pero no suena en la sala, sino en en el corazón y la memoria. Porque no es aquella escena de Highlander que todavía nos hace llorar. No es Connor sosteniendo la mano arrugada y vieja de Heather mientras la Queen pregunta “who dares to love forever…”. Es Elon Musk, en la sala principal del World Economic Forum de Davos, diciendo que el envejecimiento “es un problema muy solucionable”. Que cuando se entienda qué lo causa, probablemente resulte “increíblemente obv
La frase se volvió meme, chiste, clip viral. Otra exageración de Musk, se escribió en redes. Otra provocación del empresario que habla de colonizar Marte como quien habla del tránsito. Pero hay frases que, si se las escucha con menos ironía, cambian de peso. Porque lo que Musk estaba diciendo no era solo algo sobre biología. Estaba sugiriendo que la muerte —eso que durante siglos organizó religiones, culturas, proyectos de vida— podría empezar a ser tratada como un problema técnico. Nos reímos porque tomarlo en serio incomoda.
Lo que Musk dijo en Davos no aparece aislado. Forma parte de un clima más amplio, que varios medios internacionales vienen registrando desde hace tiempo. The Guardian lo sintetizó sin vueltas al describir la nueva obsesión de ciertas élites: “Para ellos, el envejecimiento es un problema técnico que puede —y va a— ser arreglado”. No como promesa científica cerrada, sino como conducta observable. Inversiones millonarias, clínicas privadas, startups de longevidad, tratamientos experimentales, agendas públicas y privadas organizadas alrededor de una misma idea: vivir más.
Fuente: INFOBAE





